Venezuela. Avanzar en reversa


                 Jorge Gómez Barata/La Habana
Sin recluirse a sollozar sobre la leche derramada, la dirección venezolana sobreviviente a la agresión del pasado 3 de enero, evidencia resiliencia para, mediante una, aunque compulsada, audaz rectificación, evitar la victimización y avanzar, aunque lo haga en reversa. Encajando reservas e incomprensiones, algunos pilares del proceso político, han ajustado su desempeño, para dar continuidad al funcionamiento del país.  
En lo que parece ser una objetiva lectura de la realidad nacional e internacional, el ejecutivo, encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, la dirección de la Asamblea Nacional, el aparato judicial y otras esferas gubernamentales, en rápida sucesión despachan medidas, algunas de ellas trascendentales, como la Ley de hidrocarburos, la amnistía y otras que el proceso reclamaba.
Según se observa, los comportamientos de los líderes venezolanos en los últimos 25 días, que, bajo la inocultable presión estadounidense tratan de sobrevivir con el proceso, realizando un esfuerzo para adaptarse a requerimientos y colocar sobre nuevas reglas las relaciones con Estados Unidos, comenzando por el sector y el comercio petrolero, cosa que, si bien es harto difícil, no es imposible.
Por momentos da la impresión de que algunas de las medidas post facto, pudieran haberse implementado antes, no sólo porque eran necesarias, sino porque hubieran restado argumentos al adversario, incluso contribuido a paralizar la agresión. No obstante, reaccionar como lo hacen y tratar de avanzar es un esfuerzo válido para, en la medida de lo posible, convertir el revés en oportunidades relanzando, de otro modo, con otros ritmos y metas, el proceso político nacional.  
En días como los presentes recuerdo a Eusebio Leal, historiador de La Habana cuando  contó que, si bien son muchas las injerencias e intervenciones armadas de Estados Unidos en América Latina, en casi todos los casos hubo quien los llamó, incluso desde dentro les abrió las murallas.
Eso explica por qué, en los esfuerzos a favor de las causas populares y/o nacionales, los movimientos progresistas o de izquierda, incluso algunos bien inspirados gobernantes populistas, tuvieron que enfrentarse, a  la vez con las oligarquías y elementos de las burguesías nativas aliadas con el capital extranjero y el imperialismo, sin a veces poder o intentar diferenciar lo uno de lo otro.
Ello ha conllevado a confrontaciones externas que, en algunos casos pudieron ser evitadas o atenuadas. En ocasiones hubo expropiaciones inoportunas porque las fuerzas nacionales carecían de capacidad técnica, financiera y comercial para manejar negocios con la solvencia con que lo hacen las transnacionales, y otras porque el respeto a la propiedad es una regla de las relaciones económicas y políticas internacionales que los procesos locales no pueden  cambiar ni ignorar.
 Una vez pasado el impacto de la operación militar de los agresores, se trata de comprender y apreciar las posibilidades de adaptarse a la operación política, diseñada por Estados Unidos, no por razones ideológicas, sino para realizar sus intereses, principalmente petroleros. Ello ofrece a la dirección venezolana oportunidades para realizar también algunos objetivos centrales de su programa, como son las políticas sociales y desarrollistas que no estorban a las trasnacionales según las cuales: “Donde hay petróleo, oro, tierras raras, agua y otras riquezas, hay dinero para todo”
El único antecedente conocido de que, tras una ruptura prolongada, total y una confrontación sumamente intensa y violenta, que incluye el estímulo a fuerzas internas hostiles al proceso, el bloqueo y las amenazas militares, se intentó el avance pacífico hacia la normalización, fue el esfuerzo realizado por los presidentes Barack Obama y Raúl Castro quienes negociaron la normalización que trató de establecer un nuevo esquema entre Estados Unidos y Cuba.
La reversión de lo alcanzado mediante aquel esfuerzo prueba que, esa opción, aunque difícil, es posible. Intentarlo no es debilidad, sino muestra de voluntad y de talento para la politica y la diplomacia.  
No recuerdo cuándo aprendí que la inteligencia y las capacidades humanas son redundantes, lo cual hace que un mismo objetivo pueda realizarse de diversas maneras, incluyendo las aproximaciones sucesivas. Incluso en ciertas circunstancias algunas metas pueden alcanzarse marcha atrás.
Comprendo lo complicado del asunto que requiere volver más adelante. Por ahora. “ ¡Gloria al bravo pueblo…!” Buena suerte. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto!)

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