Cuba se encuentra en un punto de inflexión crítico

Cuba Study Group

Durante veinticinco años, el Grupo de Estudio de Cuba ha abogado por soluciones pragmáticas que impulsen una Cuba libre, soberana, inclusiva y próspera, así como por políticas estadounidenses centradas en las personas que creen las condiciones para un cambio transformador en la isla. Hemos defendido la reforma del mercado y el emprendimiento, convencidos de que el futuro económico de Cuba debe cimentarse en la empresa privada local. Hemos exigido el respeto a los derechos humanos y las reformas políticas que permitan a la nación cubana avanzar pacíficamente hacia una era de mayor apertura y reconciliación.

Hoy, la base política para impulsar esta visión es más frágil que nunca. Las grandes potencias parecen estar alejándose de un sistema global de reglas y volviendo a uno donde la fuerza impone la ley. En Washington, altos funcionarios vuelven a hablar del hemisferio occidental como el «patio trasero» de Estados Unidos y piden abiertamente acelerar el colapso del régimen en Cuba. En todo esto, el futuro de la soberanía cubana pende de un hilo, con importantes repercusiones para las generaciones futuras.

Sin embargo, la terrible vulnerabilidad de Cuba a estas fuerzas tectónicas no es menor debido a la tenaz resistencia del gobierno revolucionario al cambio y a su persistente desestimación de las necesidades y aspiraciones del pueblo cubano en el país y en el exterior.

Más de treinta y cinco años después del fin de la Guerra Fría, las autoridades cubanas siguen priorizando la continuidad y los recursos externos por encima de los cambios internos que dotarían de un nuevo significado a la soberanía cubana. La Habana ha preservado obstinadamente un estado policial represivo y una economía de planificación centralizada, utilizando el exilio y la migración masiva como válvulas de escape. Sus líderes insisten en aliarse con los adversarios de Estados Unidos y alinearse contra Washington en cada desafío geopolítico importante. Las sanciones estadounidenses han agravado innegablemente las dificultades económicas de Cuba, pero su impacto es peor precisamente debido a la negativa de Cuba a aceptar la apertura del mercado. Esto ocurre a pesar de una economía en su peor crisis en tres décadas, una red eléctrica en mal estado, la población más envejecida del hemisferio, una emigración histórica y los reiterados llamados a la reforma de amigos y enemigos. Hoy, ninguna potencia externa rescatará a la isla. Una Revolución que se está quedando sin combustible finalmente se ha quedado sin gasolina.

En estas circunstancias, las viejas fórmulas no evitarán la catástrofe. Para evitar un desastre mayor, las autoridades cubanas deben tomar medidas inéditas. La Habana debe entablar un diálogo directo que reúna las voces de todo el espectro político de la isla y de la diáspora para trazar un camino común. Sus líderes deben proponer una reestructuración audaz que impulse el Estado de derecho, las normas democráticas y la economía de mercado, preservando al mismo tiempo la red de seguridad social. Y deben realizar gestos inequívocos, como la liberación incondicional de los presos políticos, que demuestren un compromiso genuino de pasar página.

El sistema cubano actual es uno que ningún otro país ha optado por replicar, y uno que sus propios ciudadanos rechazan abrumadoramente. Siempre abogaremos por vías pacíficas para el futuro. Sin embargo, a falta de vías creíbles para un cambio interno, a nadie debería sorprenderle que muchos cubanos hoy parezcan preferir los riesgos de la intervención extranjera al estancamiento del statu quo.

Por su parte, Estados Unidos debería resistir la tentación de la violencia y la venganza y estar dispuesto a explorar soluciones pacíficas con sus homólogos competentes en la isla. Washington debería garantizar que cualquier presión adicional se centre estrictamente en evitar un mayor sufrimiento para la población cubana . Sin embargo, para los funcionarios cubanos, la oportunidad de forjar un nuevo futuro construido y controlado por los cubanos se está cerrando. Es hora de actuar, no como una concesión, sino como una señal tardía de madurez política.

(El Grupo de Estudio de Cuba es una organización no partidista, de políticas públicas y de defensa, compuesta por líderes empresariales y jóvenes profesionales cubanoamericanos que comparten la visión de una Cuba libre, soberana, inclusiva y próspera, que brinde oportunidades para que todos sus ciudadanos alcancen sus aspiraciones.)

(Tomado de https://cubastudygroup.org/)

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