Jorge Gómez Barata/La Habana
Fundada hace 81 años (1945) la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que con razonable eficiencia lidió con la Guerra Fría, el desarme, la descolonización e infinidad de conflictos regionales y crisis como las de Berlín, Suez y de los misiles en Cuba, hasta ser virtualmente anulada por la confrontación en Europa entre miembros permanentes del Consejo de Seguridad, se enfrenta ahora a la creación de otra entidad: el Consejo de Paz ideado por el presidente Donald Trump.
El principal antecedente de la ONU fue la Liga de las Naciones (1920-1945) creada en la zaga de la Primera Guerra Mundial, como parte de un mecanismo de seguridad colectiva encaminado al mantenimiento de la paz. El pacto constitutivo instó a los 63 estados miembros a resolver sus litigios pacíficamente, no ejercer la diplomacia secreta, cumplir con las leyes internacionales y respetar la integridad territorial, así como la independencia de todos los estados.
No obstante, la pertinencia de sus principios, debido a que sus acuerdos no eran vinculantes, y carecía de órganos ejecutivos y de instrumentos jurídicos capaces de hacerlos cumplir, la organización no pudo impedir la II Guerra Mundial
A pesar de no contar con una estructura apropiada, en los años cuarenta del pasado siglo XX las tres grandes potencias de entonces: Estados Unidos, Unión Soviética y Gran Bretaña, lideradas respectivamente por Franklin D. Roosevelt, Iósiv Stalin y Winston Churchill, a los que se sumó Chiang Kai-shek de la República China, lideraron la coalición anti nazi con cuyos esfuerzos el fascismo fue derrotado.
Con extraordinaria lucidez los líderes de entonces, incluidos los latinoamericanos, se encargaron de ordenar el mundo de la posguerra creando, con la Carta de la ONU los cimientos conceptuales para un sistema político basado en normas jurídicas democráticamente consensuadas, redactadas de modo colegiado y aprobadas por una asamblea mundial de la que sólo fueron excluidos los países integrantes del eje fascista y sus principales colaboradores.
De aquel esfuerzo surgieron las Naciones Unidas, así como sus órganos y agencias (instituciones de Bretton-Woods (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial), Tribunal Internacional, Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT), que sirvieron de base al sistema internacional vigente, cuyo núcleo se basa en la Carta de la ONU que establece: Igualdad soberana de los estados, soberanía de las naciones, autodeterminación, integridad territorial e intangibilidad de las fronteras reconocidas.
Para hacer cumplir sus resoluciones y acuerdos, la Carta de la ONU incluyó el Consejo de Seguridad formado (primero por 9 miembros, ahora son 15), cinco de ellos permanentes: Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia y China, dotándose del Capítulo VII de la Carta que habilita a ese órgano para sancionar, incluso con el uso de la fuerza militar a los estados cuyas acciones representen un peligro para la paz y la seguridad internacionales.
Como recurso de seguridad, para sancionar a cualquier estado, incluido con el uso de la fuerza, en el Artículo 27 de la Carta se incluyó la llamada “cláusula de unanimidad” según la cual: “(1) Cada miembro del Consejo de Seguridad tendrá un voto. (2) Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre cuestiones de procedimiento se adoptarán por el voto afirmativo de todos sus miembros). (3) Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre todos los demás asuntos se tomarán por el voto de todos los miembros, incluidos los votos afirmativos de los miembros permanentes…”.
Es decir, si un miembro permanente vota en contra de alguna resolución, automáticamente se paraliza el procedimiento. De ese modo los miembros permanentes se aseguran que nunca se acuerden sanciones contra ellos ni contra sus aliados. Debido a la cláusula de unanimidad (la palabra veto no se menciona en la Carta) ningún miembro permanente del Consejo de Seguridad, puede ser sancionado.
No obstante, la existencia de la ONU, por distintas razones en las últimas décadas ha surgido una miríada de entidades regionales e internacionales creadas, tanto por los países desarrollados, las más recientes y significativas son G-20 y G-7, como las tercermundista, Organización de Estados Americanos (OEA), Liga Árabe, Unión Africana, Movimiento de Países No Alineado, Grupo de los 77 más China, CELAC y BRICS. Estas entidades, generalmente no vinculantes, desestructuradas son de escasa efectividad y alguna deberán pasar la prueba del tiempo.
La ONU fue diseñada como centro institucional y punto de equilibrio del modelo político basado en la igualdad soberana de los estados, su independencia, auto determinación e integridad territorial, así como la solución pacífica de los conflictos que surjan entre ellos. De hecho, la ONU sólo puede ser reformada por ella misma, cuando por acuerdo unánime del Consejo de Seguridad se modifique la Carta de la organización que es la base del derecho internacional y del sistema político, económico y social vigente.
Con la ONU ninguneada, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó la Carta fundacional de su Consejo de Paz, un nuevo organismo internacional, hasta ahora más elogiado que respaldado: «Felicitaciones presidente Trump, exclamó la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, la Carta está en vigor. El Consejo de Paz es ya oficial”.
Para celebrar, en su discurso de presentación de la organización, Trump alardeó de la operación armada realizada en Venezuela y de su “gran relación” con el actual gobierno de aquel país. Prometo mantenerlos al tanto. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto!)
Consejo de Paz. ONU bastarda


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