Entre la retórica bélica permanente, los titulares alarmistas y la verdadera guerra cotidiana que libran los cubanos para llegar a fin de día.
Aurelio Pedroso/La Habana
Amigos en el exterior de la isla y algunos en el interior de ella, no se me asusten mucho ni se pongan nerviosos con este propósito de las máximas autoridades políticas y militares porque si no lo saben, se los digo por lo claro: desde 1959 hemos estado en pie de guerra.
Suena fuerte, pero calma, que no es para tanto. Sólo se hizo referencia pública, por el momento, al repaso y corrección de lo que dicta el manual para un estado de guerra. Si los alarmistas lo han conseguido por seguro que pronto cambiarán de opinión e información porque he visto titulares con olor a pólvora.
“Peligro a nivel mundial” han acuñado por Miami. Imagino que tal como corren las noticias hoy día, en Vanuato, Pacífico Sur, sus pobladores estarán cagándose de miedo.
En guerra de todos los colores y variantes hemos estado. La propiamente bélica como esa de Bahía de Cochinos (Playa Girón), contra insurgentes en las montañas centrales del país, financiera, económica, jurídica, la política, la bacteriológica, la psicológica, la guerrita de las mentiras y hasta de las malas palabras como ahora mismo, en este instante, ha ocurrido un apagón y la olla arrocera se niega a seguir trabajando y jodernos el almuerzo…
Es que, de estas últimas, tenemos también la guerra del día a día, de la alimentación, la risible canasta básica, los medicamento en falta, el transporte público, los insuficientes salarios, pensiones y jubilaciones y las que por decretos y resoluciones nos imponen los burócratas aliados del imperio para fomentar más malestares.
Todas, que no ha faltado una sola variante, para seguir esa vieja costumbre ya inexistente de enviar un emisario con una formal declaración de guerra que da lo mismo el enemigo sea visible o invisible para ocupar trinchera o refugio.
Se lo he comentado al tonto de la vecindad, Ricardito, que se ponga el casco, que hay guerra y el otro, con muy bajo coeficiente de inteligencia, casi nulo, responde eufórico:
-¿Sí? ¿Dónde?
(Tomado de El Boletìn)


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