Treinta y dos razones para no arrodillarnos

By AurelioPedroso/La Habana

Llegaron nuestros muertos bajo esa lluvia preludio de los “nortes” invernales, que tal parece nuestro cielo derramaba lágrimas por ellos, y luego de ser recibidos por las más altas autoridades del país, fue el pueblo a lo largo de toda la avenida de Rancho Boyeros quien se inclinó a su paso.

En casa, los restos mortales de esos hombres que no dudaron jugarse la vida por principios y demasiadas razones. Y razones rima con una palabrota histórica que ya forma parte del comportamiento frente al enemigo.

Más allá de lo que puedan concluir especialistas en el arte militar y aficionados que nunca faltan, el lamentable acontecimiento ocurrido  el pasado 3 de enero ha tenido una respuesta en Cuba que el agresor debe valorar y nunca subestimar.

Llegaron nuestros muertos bajo esa lluvia preludio de los “nortes” invernales, que tal parece nuestro cielo derramaba lágrimas por ellos, y luego de ser recibidos por las más altas autoridades del país, fue el pueblo a lo largo de toda la avenida de Rancho Boyeros quien se inclinó a su paso.

Ahí están expuestos en el salón principal del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias ya ascendidos todos al grado militar superior para recibir el merecido tributo.

Nadie gritó ni mucho menos aplaudió de emoción como suele suceder en Europa. El silencio fue la respuesta porque cada cubano, defensor de su soberanía, ha demostrado que una aventura gringa a lo venezolano, en la isla tendrá otra respuesta.

Ayer arribaron también los heridos que corrieron mejor suerte frente a un enemigo superior en número y poder de fuego.

Así somos y seremos e incluyo a esos que en su momento Fidel Castro supo establecer la diferencia entre los que estaban “en contra de la Revolución y  los descontentos con ella”.

Y descontentos los hay, pero no traidores. Son los que piensan con sobrados motivos que la nación debe cambiar sin poner en peligro la independencia ni admitir el menor síntoma de injerencia extranjera venga de donde venga.

Como reza ese refrán tan familiar, los paños sucios se lavan en casa.

Este viernes quedará demostrada en la Plaza Antiimperialista José Martí, a pocos metros de la embajada de EEUU, esta posición frente a un enemigo eufórico y débil visual cuando apunta hacia la isla.

Lo ocurrido en estos amargos momentos, me hace recordar una frase ya olvidada, en desuso, de principios de la Revolución. Muy significativa que era para evaluar y definir a una persona; Ese (o esa) es de Patria o Muerte. No como consigna, sino como convicción.

Miles de “Patria o Muerte” han vuelto a entrar en escena para llorar a sus muertos y confirmar una decisión.

Más de medio millón de habaneros participaron en la Marcha del Pueblo Combatiente.

(Tomado de Progreso Weekly)

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