Irán otra vez en el ojo del huracán


 Jorge Gómez Barata/ La Habana
Irán se encuentra otra vez en el ojo del huracán. Esta vez no se trata del tema nuclear, del petróleo, del control del Estrecho de Ormuz, de la protección de organizaciones no estatales o de alguna acusación asociada al terrorismo internacional, sino de protestas populares, motivadas por una crisis económica coyuntural que se ha salido de control y, como suele ocurrir es aprovechada por Estados Unidos que tiene su propia agenda.
A ello se suman la posible presencia de provocadores entre los manifestantes y la represión, en parte alentada desde el exterior que, según reportes, ha ocasionado miles de detenidos y fallecidos; además el apagón de Internet en Teherán y otras acciones que echan leña al fuego.
A los que protestan en el país se suman decenas de los  emigrados o exiliados que integran la diáspora persa radicada principalmente en Europa y Estados Unidos cuya movilización es alentada allí porque conviene.
Aunque debería tratarse de un asunto interno por el cual suelen atravesar periódicamente todos los países, especialmente aquellos donde el disenso y el derecho a la protesta son parte del desempeño del sistema político. La intromisión de Estados Unidos y las potencias occidentales con sus poderosos medios de difusión y redes sociales hostiles, incrementan la confusión y el caos, creando un  entorno favorable para sus propósitos contra Irán y el islam en general.
Al respecto, la colega Shabnam von Hein de DW (Onda alemana), se pregunta: “¿Por qué unas protestas callejeras en Irán, tienen la capacidad de influir en la política mundial?”.
Al intentar responder habría que considerar las dilatadas, al parecer insolubles, contradicciones de las autoridades religiosas iranies que, desde 1979  asumieron la orientación de la llamada revolución islámica, confrontada, primero con Estados Unidos por su asociación con el sha Reza Pahlavi y luego con Israel por sus vínculos con Estados Unidos.
Estas violentas contradicciones, aunque de difícil identidad, han conducido a un clima de confrontación estatal, a una vinculación con acciones terroristas atribuidas a activas entidades islámicas cercanas a Irán y al  aislamiento internacional con importantes connotaciones económicas, entre ellas las sanciones y el bloqueo.
Todo ello ha conllevado a un virtual estado de guerra y a una agotadora carrera armamentista que incluye la cuestión nuclear y a alianzas difíciles de sobrellevar, incluidas las establecidas con entidades armadas no estatales.
A ello se suman la conexión, casi carnal de Estados Unidos con Israel, la  reacción de la jerarquía clerical de Irán en el poder desde 1979 por el cobijo proporcionado por Estados Unidos al sha que buscó asilo en Norteamérica. El distanciamiento del estado persa con sus vecinos árabes, tiene algo que ver.
A todo ello se suma el papel de Irán en el mercado petrolero internacional y su posición geográfica que le permite ejercer el control del estrecho de Ormuz por donde transita su propio petróleo y el de grandes exportadores del golfo Pérsico que llega a cubrir un importante por ciento del consumo mundial.
Hay países que son democráticos todo el año, menos el día de las elecciones y otros como Irán, lo son a la inversa. Se trata del único estado de Oriente Medio (excepto Israel) que no es árabe y en el cual, una vez que la cúpula religiosa certifica a los candidatos, se efectúan elecciones creíbles. Irán es también uno de los pocos países autoritarios en los cuales el disenso (menos el religioso) y la oposición al gobierno, hasta ciertos límites son tolerados.
Irán es el único país que ha motivado una autocrítica de los Estados Unidos. El “mea culpa” lo realizó el presidente Barack Obama quien en 2009 en la universidad islámica Al-Azhar de El Cairo, expuso la más completa y sucinta reflexión sobre el islam, otras religiones y con la cultura occidental que haya conocido y reconoció la desafortunada implicación de Estados Unidos en el golpe de Estado que, en 1953 derrocó al gobierno del primer ministro Mohammad Mossadegh.
Entonces  como ahora en Venezuela, la intervención de la CIA y los servicios secretos británicos estuvo motivada por el control del petróleo lo cual, en el caso  iraní, fue un “tiro en el pie” porque se derrocó al primero y hasta hoy, único gobernante liberal, laico y democráticamente electo en Oriente Medio para devolver al poder al sha Mohammed Reza Pahlavi quien hasta su derrocamiento fue aliado de Washington y represor de toda expresión de democracia política.
Como sostiene la reportera, los actuales vínculos con Rusia y China, potencias confrontadas con Estados Unidos confieren a Irán una relevancia internacional y un perfil mediático acrecentado por la llamada Guerra de los 12 días, saldada por una intervención militar relámpago de Estados Unidos que ahora la  ha reiterado en Venezuela.
El peligro de que la experiencia se repita es enorme y las posibilidades de Irán para, en solitario, confrontar las poderosas fuerzas del imperialismo internacional, incluidas las militares, no son suficientes. Donald Trump está dispuesto a desafiar los límites y probar que puede a la vez librar tres medias guerras: Venezuela, Groenlandia e Irán.
Lo ideal sería evitar que esa violencia se desmadre, paralizar la posibilidad de una nueva guerra porque los costos humanos que pagarán los pueblos, serán inevitablemente elevados. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto! )

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