Bandera de Cuba
Soberanía, injerencias y verdades incómodas en un tiempo de amenazas que ya no llegan solo desde Washington.
Aurelio Pedroso/La Habana
Nunca lo pude verificar, pero a un boxeador nuestro, campeón olímpico por varias ocasiones, diestro con los puños y corto de vocabulario, los jodedores criollos le cargaban tal frase dicha con esmerada solemnidad durante una entrevista.
Hoy recurro a ella. No en tono de broma ni crítica, sino para develar una gran verdad en estos tiempos con olores de guerra y amenazas inusuales llegadas desde el imperio vecino.
Si bien aquel rey del cuadrilátero insistía que “lo primero es lo primero” o que “sin técnica no hay técnica”, lo primero o primordial es evitar que nos impongan condiciones en su afán intervencionista, y lo segundo, solucionar democráticamente nuestras insuficiencias, aunque ello pueda acarrear que nos cuelguen el cartelito de quinta columna o “asalariados del imperio”.
Cuesta caro decir verdades hoy en Cuba. Hay temor a pronunciarlas en voz alta, por lo claro. Junto a ello, una doble moral galopante con dos caras bien definidas que se unen a la falta de polémicas en los medios de prensa oficiales.
Hay variedades en ese afán injerencista porque no todo proviene de la Casa Blanca. También de nuestros “hermanos” rusos con esa absurda propuesta de legisladores del partido Una Rusia Justa que han sugerido convertirnos en “un Distrito Federal del Caribe” con capital en La Habana con el rublo y el peso cubano en fuerte abrazo.
¿Falsa la noticia? A falta de un detector de mentiras, ojalá así sea.
Trump a por Groenlandia y Putin sobre Cuba. La isla, como una putica de la más baja categoría a la espera de quien le garantice desayuno, almuerzo y comida.
Ahora sólo falta que también los chinos pongan de su parte y alguien en nuestro parlamento intente convencernos que comer con palillos o shopsticks es más saludable para el organismo y que la música salsa suena mejor si la entonamos en mandarín.
Y nada extraño que España también meta su cuchareta dado el creciente número de nacionales convertidos en españoles para que la isla tome esa categoría autonómica.
¿Estarán las grandes potencias repartiéndose el mundo y no nos hemos enterado por obra y gracia de un cauto censor?
Lo primero tendrá que ser lo primero, aunque el combate sea a doce asaltos.
(Tomado de El Boletín)


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