Peor que el bloqueo ha sido el tiempo perdido en aplicar reformas

La Habana

Aurelio Pedroso/La Habana

La Habana activa maniobras defensivas mientras crece la tensión política y económica, en un contexto marcado por advertencias desde Washington y un deterioro interno multisectorial.

La situación en Cuba combina un escenario económico complejo con un aumento de la tensión política y militar en el entorno regional.

Y como no hay nada más socorrido que un día tras otro, a la vista pública afloran no sólo las dificultades, la “compleja” situación al decir de las autoridades, sino una debacle multisectorial aferrada a viejas consignas y ese binomio lentitud-temor para aplicar en modo audaz y valiente lo que sea necesario para resucitar en primer orden la economía.

Como tapa al pomo, esos aires belicosos que han llegado junto a los “nortes” de esta época del año para comidilla de cualquier cubano en la calle y, como en esa conocida fábula, tal parece que el lobo Trump pudiera enviarnos una sorpresa para recibir otra.

Varios buques de guerra han sido desplazados al norte de la isla con la clara intención de amedrentar, de meter miedo al tiempo que este pasado sábado un ejercicio nacional de defensa bajo el concepto de “guerra de todo el pueblo” con prácticas de tiro, lanzamiento de granadas y técnicas de autodefensa.

En algunas zonas de la isla un inusual movimiento de efectivos de las Fuerzas Armadas en algún que otro patrullaje de las tropas especiales. Hay, en provincias, quienes aseguran haber visto sobrevolar helicópteros de combate.

Amenazas aparte, que nos las sabemos de memoria, basta con mirar a Venezuela y repasar las exigencias del todopoderoso para tener una idea que desde la Casa Blanca se puede esperar cualquier cosa. La penúltima ha sido con tres palabras:

-Destrozar el lugar.

La última:

-Negociar antes de que sea demasiado tarde.

Equivocados de pies a cabeza están si piensan que Cuba es Venezuela. Voraz el apetito de míster Trump que ha declarado que lo de Groenlandia será “a las buenas o a las malas”.

Desde Hanoi, un buen amigo vietnamita que cumplió en Cuba tareas como corresponsal, me escribe y muestra su preocupación. Advierte, en corto mensaje, que hay que cuidarse mucho. Y si lo dice él y no un esquimal, sus razones tendrá.

La vecina viuda de un comandante histórico de la revolución, que no ha tenido la misma suerte que otras, ha debido montar en la puerta de su casa una mesa para vender refrigerios. Paso, la saludo y confiesa:

-¡Ay, Pedroso, estoy muy preocupada! -toma un aire para rematar-, y no nos dicen nada.

Le tiro una visual a la oferta mañanera consistente en café, hamburguesas y refrescos. Le respondo antes de continuar en marcha:

-Y yo también.

En plena marcha me vienen a la mente un grupo de elementos para negociar sin renunciar a nuestra independencia. En otro momento los comentaré…

(Tomado de El Boletín)

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