Cuando todo comenzó

Manuel Juan Somoza/La Habana

Todo lo que ha traído a Cuba hasta este 2026 acababa de comenzar aquel enero de 1959 y casi nadie fue capaz de imaginarlo entonces.

El día 8 era un niño bien de 13 años – un “bitongo”, me dirían después- y estaba con mis padres entre la multitud de creyentes y ateos, de puras e impuras, de menesterosos y gente acomodada, de cubanas y cubanos que hicieron diminuta La Habana para recibir en las calles a Fidel y sus barbudos. No lo sé de oído.

Era tal la efervescencia telúrica de esperanzas tras la caída de una dictadura sangrienta, que parecía inamovible por estar santiguada desde Washington, que aquel día y por otros muchos que siguieron, la inmensa mayoría se unió en un puño.

Después, la vida y sus terquedades fueron poniendo las cosas en su lugar, llegó la hora de las definiciones a fin de que nada siguiera siendo igual para bien de los que nunca contaron y comenzó esta lucha que los contrarios llevan más de medio siglo tratando de ganarla.

Cada quien tiene sus vivencias y sus altares, y en el largo camino recorrido cada uno de nosotros ha asumido posiciones. Los que creímos en la esperanza y decidimos defenderla, no con la fatua guapería de palabras, sino con acciones, llegamos a este 26 con múltiples heridas, pero llegamos -muchos o pocos, no lo sé-, con más convicción que arrepentimientos y me parece que seguiremos así hasta donde alcance la respiración.

Escribo hoy todavía estremecido por lo ocurrido el sábado 3 de enero en Venezuela, por la reacción pendeja de los mandantes, o la no respuesta – “comienzo de otra época”, me dijo ayer un compañero-; por la muerte allá de 32 militares cubanos -22 de ellos en combate cuerpo a cuerpo- por lo que ha venido desde entonces, y busco refugio en las esencias de nuestro distante enero.

La guapería de palabras, consignas y de uniformes limpios y camuflados “es como lanzar piñazos en un cuarto vacío”, me comentó hace tiempo, con razón, un viejo luchador cubano. Por eso, reitero, ante la debacle en Venezuela, me quedo con los cojones puestos sobre la mesa por la Revolución Cubana: contra la conspiración de la Rosa Blanca, en el Escambray, Girón, la Crisis de Octubre, la Operación Mangosta, la amenaza de bombardeo quirúrgico, la crisis de los 90, la actual y las nuevas bravuconas de Trump y Marco Rubio.

Deja un comentario