Ilustración: ARES
Félix López/Andalucía
No puedo decir «¡honor y gloria!» a secas y tragarme la rabia. Murieron 32 cubanos en un combate desigual defendiendo a Nicolás Maduro (frente a los Delta Force en número desconocido, pero apoyados por unas 150 aeronaves, trabajo previo de la CIA y una supuesta traición interna). Por eso indigna (empinga es la palabra correcta en este caso) la cadena de acontecimientos: la soberbia imperial de Donald Trump, Marco Rubio y sus halcones. La incomprensible soledad en que fue sacrificada la guardia presidencial. La sonrisa, la cordialidad y los saludos en inglés de Nicolás Maduro (sean irónicos o no), porque se supone que fue sacado sobre los cadáveres de sus escoltas y no hay nada que ir a celebrar con sus captores. La pasividad de los que quedaron al mando de Venezuela el día después. El mensaje pendejo, conciliador y cobarde que se emite para calmar a la bestia, que amenaza con próximas agresiones y extracciones. El nacimiento del «chavismo dócil» y el daño irreversible en que puede derivar su actitud para la soberanía de Venezuela y de un continente. El reacomodo de la geopolítica mundial, donde los mensajes de las potencias aliadas parecen cumplidos cosméticos y no posiciones reales de fuerza. La diplomacia (en la era Trump) que ha sido desplazada por el matonismo mafioso. El desasosiego de la gente que se ha despertado con el sonido inolvidable de los misiles y todavía no entiende qué ha pasado; la frustración de ocho millones de venezolanos errantes por el mundo que creyeron por unas horas que Trump los había liberado y después escucharon decir, a la cara, que lo que quiere es el petróleo y no le sirve su líder bolivariana fake, su Premio Nobel fake y su presidente imaginario. Ahora sí: ¡Honor y gloria! a los 32 cubanos y sus hermanos venezolanos que murieron combatiendo al agresor. Al menos ellos eran de verdad. No traicionaron a nadie. Dieron la vida por lo que creían justo (aunque ahora dudemos si de verdad era justo). Se van siendo mejores que sus asesinos, que los cobardes que los vendieron y que los detractores que los difaman. ¡Honor y Gloria!
(Tomado del Facebook del autor)


Deja un comentario