¿Qué depara el nuevo año a los cubanos?

Manuel Juan Somoza/La Habana

Le entramos a 2026 fatigados tras otros 12 meses tensos que parecieron interminables -duele mucho enumerar los golpes- y lo hacemos casi a ciegas, al igual que aquella tropa de kwanhamas que en los 80 desafió un camino minado y controlado por los kwachas de la UNITA, en el sur de Angola.

Tras salir de la localidad de Lobito reventó una mina e inutilizó al camión de la vanguardia, por suerte sin pérdida de vidas, y entonces ocurrió algo insólito, al menos para mí.

De no sé dónde apareció un angolano blanco, rubio y flaco, se subió a un jeep descapotado, similar a otro en el que viajábamos nosotros (siete cubanos), se puso al frente de la marcha junto con tres faplas más y, a ojo, jugándose las vidas, evitaron nuevas sorpresas explosivas para continuar por el Paso de la Canjala en dirección a Sumbe , a fin de llegar después a Waku-Kungu , mientras los guerreros de la UNITA se replegaban.

Las vivencias son tercas compañeras de andanzas y cuando hoy sentí la necesidad de sumarme a las mil opiniones que corren por las redes desde la franqueza, la ignorancia, la manipulación o los extremos, los kwanhamas y aquella tropa invicta se me presentaron en forma de preguntas: ¿Será este un mejor año para nosotros, pese a los muchos caminos minados en Cuba? ¿Serán abiertas nuevas puertas, aunque los hechos apunten a lo contrario?

Y quise responderme, ¡SÍ!, no obstante vivir entre los machucados, no en la burbuja de la superestructura, y haber tenido el privilegio de verme envuelto en unas cuantas aventuras y conocer, a veces, sus caras bien oscuras, hasta aprender que a la vida hay que asumirla como venga, porque ella casi nunca responde a los deseos.

Los sueños y la entrega de cuatro generaciones de cubanas y cubanos no fueron suficientes para que el país llegara a 2025 e iniciara el 26 en mejores condiciones, pero la marcha nunca se detendrá, ella está en la misma esencia de la condición humana.

(Fotos. Los SIETE antes de comenzar la aventura; no teníamos ni idea de lo que nos esperaba, pero ahí estábamos, listos para lo que viniera. Antes de la salida, se repartieron las cintas a llevar en cada brazo con vistas a distinguir a los nuestros de los contrarios:  mismo color de piel, mismos uniformes y similar armamento, aunque de noche era imposible reconocerlos, de ahí que los siete durmiéramos juntos con los AK de almohada).

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