Félix López/Andalucía
Hoy las redes, las llamadas y las fiestas familiares se llenarán de frases hechas y deseos casposos. Los de toda la vida, disfrazados de alguna palabra de moda. Yo voy a tomar doce uvas en los últimos doce segundos de 2025 y pediré un deseo. No para mí, ni para los que estarán a mi lado. Pediré luz para Cuba, que a esa hora, seis de la tarde todavía, no estará oscura, pero sí apagada… En su “Ensayo sobre la ceguera” José Saramago nos advirtió que “la luz, al desaparecer, expone la necesidad de la guía mutua y la ética básica para sobrevivir, mostrando que la verdadera Luz no es física, sino moral”. Cuba necesita y se merece muchas cosas, pero en 2026 yo le deseo de corazón mucha luz. Donde se pierde la luz se regulariza todo lo que ocurre en penumbras. La sombra se pone en primer plano y la oscuridad se convierte en un estado mental devastador. Esa oscuridad que en realidad no existe, porque solo es posible en ausencia de luz. Que en 2026 esta imagen de una isla iluminada se convierta en realidad y deje de ser un espejismo malvado de la inteligencia artificial.
Abrazos!


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