Entre la retórica oficial de la resistencia, la “economía de guerra” y la llegada de 2026, el discurso público se aleja de los augurios y se atrinchera en la supervivencia.
Aurelio Pedroso/La Habana
Sin promesas de prosperidad ni felicitaciones efusivas, el mensaje que acompaña el inicio del nuevo año apela a la resistencia, la unidad y la preparación ante un escenario asumido como hostil. La metáfora bélica se impone como marco para leer el presente y anticipar el futuro inmediato.
Basta tener una mínima noción del arte militar para comprender eso tan sabido y repetido de que “guerra avisada no mata soldado”. Y, contrario a lo dicho oficialmente en otros momentos, hasta ahora nadie ha pronosticado desde las alturas del poder un feliz año salvo el tradicional spot televisivo por ser el uno de enero el 68 aniversario del triunfo revolucionario y que será nombrado, excepcionalmente, como Año del centenario del Comandante en Jefe.
Nada de efusivas felicitaciones y promesas de buenos augurios. Todo lo contrario, la recomendación es y será resistir a toda costa, atrincherados y no dispuestos a ceder ante el enemigo en su dual capacidad de invisible y visible.
“Que 2026 nos encuentre peleando y más unidos que nunca”, ha dicho el presidente de la República ante el Parlamento. Y si estamos, como reconocen las autoridades, en “economía de guerra”, pues nada mejor que tenderle una emboscada al fatídico año por venir.
La definición del término en cuestión, –emboscada–, nos la ofrece la RAE. Es tan amplia que permite, con alguna dosis de imaginación, comprender que ella puede tener múltiples interpretaciones que pudieran comprender hasta las amorosas.
Quien la haya vivido en carne propia en un escenario bélico, sabe que quien la tiende se lleva casi siempre las de ganar por el factor sorpresa, en contraposición a ese temor que se experimenta cuando desde el otro bando uno la espera sin saber en qué momento será.
Luego entonces, como este 2026 no llegará a la isla con ninguna buena intención y a sabiendas en qué momento y por dónde arribará, lo más inteligente resulta prepararse para recibirlo. Es donde entra en acción la logística, la retaguardia que posea cada cual. Y no todos los cubanos disponen de iguales condiciones en ese cuerpo a cuerpo que se avecina.
Además de enfrentarlo con salud, que no ha cesado en atacarnos con esas raras virosis, que una buena y seria fuente me ha dicho que si me entero alguna vez de los muertos por ella, me caeré de espaldas, tener en mano unos cuantos euros o dólares garantizarán en gran medida la supervivencia cuando ya falta poco para que servicios necrológicos te cobre en moneda dura un féretro y el cura del camposanto te diga que por cinco euros el difunto va directo ante el Señor sin hacer fila como en las gasolineras.
Ahora, de cara a la Navidad, una señora mayor me ha dicho en plena calle algo para pensar, de profundo sentido: —No viene la Navidad. Llegamos a ella…
(Tomado de El Boletin)


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