Transeúntes en una calle de La Habana, Cuba / Ernesto Mastrascusa – EFE.
- La isla está sufriendo la crisis más grande de su historia, peor que la del 90
- El bloqueo del petróleo venezolano supondría el probable quiebre del país
- La cuarta parte de sus habitantes ha abandonado Cuba desde la pandemia
Julio De Manuel Écij
El despliegue aeronaval que ha ordenado la Casa Blanca sobre el Caribe para bloquear Venezuela no solo hace temer lo peor a Nicolás Maduro y sus aliados en Caracas. A 2.000 kilómetros de distancia, los dirigentes de La Habana ven con temor la asfixia que puede suponer para su maltrecha economía la caída de su principal aliado. Venezuela lleva desde hace décadas suministrando petróleo subsidiado a la isla caribeña, que soporta un férreo embargo comercial de Estados Unidos desde la Guerra Fría, y es el principal aliado que le queda al Gobierno comunista de Miguel Díaz-Canel.
Si las exportaciones de petróleo procedentes de Venezuela se paralizaran, Cuba se enfrentaría a una crisis nunca vista en su historia, justo cuando ya está atravesando la peor depresión de su historia. Desde 2020, la economía caribeña se ha desplomado, una cuarta parte de la población ha huido de la isla, hay cortes de luz permanentes y problemas de abastecimiento y una sindemia de varias enfermedades tropicales azota al país. Los servicios públicos funcionan a duras penas, la inflación sigue en niveles alarmantes y las perspectivas económicas y sociales no son nada halagüeñas.
Con Rusia enfrascada en la guerra en Ucrania, Irán recomponiéndose del conflicto contra Israel y Venezuela presionada, las opciones de La Habana se reducen día a día. Si el paso de petróleo venezolano se detiene por el bloqueo militar, las consecuencias podrían ser catastróficas. «Sería el colapso de la economía cubana, sin lugar a dudas«, afirmó Jorge Piñón, un exiliado cubano que analiza los vínculos energéticos de la isla con Venezuela en la Universidad de Texas, en declaraciones a un artículo del Wall Street Journal.
Una policrisis nacida en la pandemia
El régimen comunista fundado tras la caída de la dictadura de Fulgencio Batista en 1959 ha sido una molestia perenne en las ambiciones de Washington para controlar a los países americanos. En 1962, la tensión llegó a su cénit con la crisis de los misiles de Cuba, que a punto estuvo de desencadenar una guerra nuclear entre Estados Unidos y la Unión Soviética.
Desde entonces, la contrainteligencia cubana ha tratado de desbaratar los reiterados ataques de la CIA para tumbar al Gobierno de la Habana y afrontar el embargo comercial. La caída de la Unión Soviética, su principal benefactor, supuso la peor crisis de la isla en un siglo y obligó al Gobierno comunista comandado por los hermanos Castro a buscar nuevos aliados.
A finales de los 90, el naciente mandato del socialismo chavista fue visto como una oportunidad. Mientras que La Habana proporcionaba servicios de alto valor añadido como sanitarios y espías, Caracas enviaba petróleo subsidiado. El resultado ha sido una fuerte dependencia en la que se estima que el crudo venezolano representa un tercio de la entrada de hidrocarburos a Cuba, según Reuters. La isla no posee yacimientos significativos propios y debe importar todo su suministro energético. Su transición ecológica, por otra parte, es mínima.
El pacto cubano-venezolano supuso cierta estabilidad política y económica para la nación caribeña hasta la llegada de Barack Obama, quien intentó abrir las relaciones comerciales entre Washington y La Habana. El Gobierno comunista respondió con una tímida relajación de la intervención económica mediante la creación de un esquema de pequeños empresarios. Trump voló todos los puentes en su primer mandato (2017-2021) y reforzó los controles comerciales, apuntando particularmente a terceros países que suministraran recursos a Cuba.
Con la llegada de la pandemia, Cuba se asomó a una depresión de la que no ha salido. Según datos del Banco Mundial, desde 2018 el PIB se ha desplomado casi un 11%, mientras que la inflación no ha parado de incrementarse. En 2021 llegó al récord del 400% (deflactado el crecimiento del PIB) y el año pasado cerró por encima del 32%. Antes de la pandemia, Cuba tenía un incremento anual de precios inferior al 3%.
Los guarismos económicos ilustran solo parte de la policrisis que afecta el país. Según EFE, la población cubana ha descendido en una cuarta parte en cuatro años debido al masivo éxodo que se está produciendo en el país. Bloomberg estima que casi el 80% de los hogares que aún viven en la isla quiere abandonar el país. Gran parte de quienes se marchan son el mayor pilar socioeconómico de la isla: su personal sanitario.
Múltiples epidemias
La Organización Panamericana de la Salud indica que la policrisis económica y social está favoreciendo la expansión de enfermedades y el quiebre de su maltrecho sistema de salud. «Cuba vive actualmente una crisis sin precedentes debido a la convergencia de desastres, una emergencia energética y graves retos de salud pública», indica el organismo. Los terremotos y huracanes, los cortes de luz debido a la caída del suministro energético, los altos precios de los materiales sanitarios y el descontrol político han sido un caldo de cultivo para la propagación de infecciones.
En 2023, la isla detectó brotes de oropouche que junto al dengue y la chikungunya han provocado una sindemia (una epidemia provocada por enfermedades superpuestas) que está diezmando la isla. La Habana ha tratado de esconder el problema hasta que en noviembre tuvo que reconocer la crisis sanitaria con más de 47.000 afectados. Es previsible que la cifra real sea mucho mayor.
Ante este escenario que haría temblar a cualquier gobernante y del que no hay garantías de que Cuba pueda sobrevivir, se añade la tensión del crudo en Venezuela. La hipotética caída de su principal benefactor a manos de la Casa Blanca podría suponer el último clavo en el ataúd de La Habana. Sin embargo, la presión llega en un momento en que la campaña de hostigamiento de Trump contra los inmigrantes también ha golpeado a los cubanos de Florida y amenaza con provocar una crisis que se extienda por toda América.
(Tomado de El Econimista)


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