Se va diciembre y con él otros 365 días endiablados para los cubanos

Manuel Juan Somoza/La Habana

Han pasado seis años desde que 2019 deviniera referencia obligada a la hora de calibrar el comportamiento en picada de la economía nacional. Después llegó la pandemia de Covid-19 que también paralizó a Cuba, como al resto del planeta, y en Washington dieron la bienvenida al demócrata Joe Biden y al republicano Donald Trump, por segunda vez.

Desde 2019 hasta este año que sin duda alguna cubanas y cubanos despedirán al grito unánime de ¡Solavaya!, en vano intento de espantar lo malo, el deterioro económico, social, político, ambiental, sanitario y humano se ha multiplicado, mientras cada quien resiste la embestida a su manera.

Los teatros no han dejado de funcionar en las tardes, muchas veces sin luz; se han sucedido múltiples espectáculos musicales a lleno completo, entre ellos, el Festival Internacional Jazz Plaza, que reunió incluso a lumbreras estadounidenses en el género; como cada año, se realizó el festival internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, con plantas eléctricas en algunas salas y no exento de contradicciones, como la censura de un documental sobre Pablo Milanés y la premiación del cartel que promovía la obra.

La vida no se detuvo este año, pero se movió a ritmo extraño, quizá más lenta que de costumbre, como saltando vallas o chocando con ellas, en tanto las guirnaldas lumínicas de Navidad solo animaron a entidades privadas y estatales con alternativas propias de energía.

¿Y el contexto?

En el Norte sacan cuenta de hasta dónde podrá aguantar la isla esa guerra silenciosa, nunca declarada y acentuada por Trump para barrer otro obstáculo de su particular camino hacia el sur americano, al tiempo que en el país caribeño los mandantes insisten en que “¡No, nos rediremos jamás”! y llaman a unirse en esa posición a quienes todavía creen en la Revolución y el Socialismo, sin que hayan podido atenuar el agobio nacional.

Electrizante panorama a despedir con vistas a dar la bienvenida a un nuevo año encriptado, con la flota de guerra estadounidense en disposición de combate frente a las costas de Venezuela, y una epidemia de arbovirosis (Chikungunya y Dengue) que sorprendió a las autoridades cubanas de salud y ha sumado muertos a la crisis multiforme en curso.

Esta vez, ni el presidente Miguel Díaz-Canel auguró un mejor año. “Nos espera un trabajo intenso. Que nadie espere soluciones fáciles o inmediatas. El camino es de lucha, de creación, de resistencia inteligente”, proclamó el 13 de diciembre.

La perspectiva

Y así las cosas, como ocurre en el cualquier guerra , aunque en la isla todavía no se escuchen los tiros, las opciones son extremas: hacer como el avestruz con la cabeza en el hueco a fin de no pensar; admitir la oferta norteña de volver a la pachanga del multipartidismo, las dictaduras bendecidas por la Casa Blanca y la economía bajo el mando de los de allá; o seguir empujando el desvencijado carro de aquella revolución que abrió esperanzas en 1959 para bien de la mayoría, hasta encontrar un claro.

El 2026, supongo, será definitivo en cuanto a las opciones de las cubanas y cubanos.

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