El presidente Castro
Jorge Gómez Barata/La Habana
“América para los americanos”, no fue originalmente una formulación acabada, sino una frase perdida en un discurso del presidente James Monroe en 1823, la cual no fue invocada hasta casi 30 años después cuando se convirtió en uno de los pilares de la política norteamericana para América Latina que ha sobrevivido doscientos años.
Entonces Estados Unidos, con el recuerdo de la toma de Washington por los ingleses en 1814 cuando ocuparon e incendiaron la ciudad, incluida la Casa Blanca y el Capitolio, obligando a huir al presidente James Madison, mantenía relaciones diplomáticas con Europa la cual, a pesar de haber perdido sus colonias en América era suficientemente fuerte como para hacerse respetar.
En el momento de ser proclamada, aquella posición política fue una especie de bravuconada que no conllevó a que Estados Unidos asumiera posiciones excesivamente rígidas frente a Francia que en 1838 y 1867 invadió a México. Tampoco pudo hacerlo cuando, en los años sesenta la Unión Soviética se instaló en Cuba y cuando en 1982 Gran Bretaña atropelló a Argentina en Malvinas.
Probablemente, la vigencia de esa política y el poderío de Estados Unidos para respaldarla, mantuvo a los nazis alejados de América Latina, única región que no fue afectada por la II Guerra Mundial.
El estatus quo en las relaciones de Estados Unidos con Europa derivado de la politica aislacionista, se alteró cuando, en 1898 se desató la Guerra-Hispano Americana en la cual España fue derrotada.
La victoria norteamericana que debutó como potencia mundial, cambió las relaciones de poder en el mundo, cosa que se consolidó mediante la victoria estadounidense en la Primera Guerra Mundial, lo cual dio un nuevo sentido a los pronunciamientos de Monroe, convertida desde entonces en doctrina de estado que ahora pretende ser utilizada ahora para intentar contener a China y Rusia.
En aquellos andares, apareció en la escena Cipriano Castro, presidente de Venezuela, un liberal consecuente que en 1899 asaltó el poder que conservó hasta 1908 y que, en el ínterin fue confrontado por oligarcas locales aliados con empresas norteamericanas que fraguaron su derrocamiento, lo cual condujo a una intensa guerra civil.
Cuando el país parecía estar listo para entrar en una era de estabilidad, en 1902 una crisis económica, provocó la suspensión de los pagos de la deuda externa lo cual generó una agresiva reacción de los empresarios extranjeros en el país que culminaron con el bloqueo naval por parte de varias potencias europeas, a lo cual se sumaron los Estados Unidos.
Sintiéndose más fuerte de lo que era, el presidente Castro reclamó indemnización a las empresas norteamericanas, procediendo a algunas expropiaciones, ante lo cual, Estados Unidos, Francia y los Países Bajos rompieron relaciones con Venezuela y apelaron a las cañoneras.
Enfermo, Cipriano Castro viajó a Europa de donde poco después trató de regresar y retomar el poder, cosa impedida por una espuria alianza de Estados Unidos con elementos de la oligarquía nativa. En 1912 al intentar radicarse en Estados Unidos, fue expulsado, circunstancia en las cuales viajó a La Habana para, luego de una precaria andadura, regresar a Nueva York para finalmente instalarse en Puerto Rico donde falleció en 1924
En aquel confuso contexto, el presidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt, aliado con las fuerzas locales, logró levantar el bloqueo naval con la aplicación de un programa de pagos.
Pragmáticamente, Estados Unidos aplicó la Doctrina Monroe de modo reversible, utilizándola, tanto para contener a Europa, como para presionar e incluso intervenir en los países latinoamericanos. Así, con el mismo instrumento y la misma consigna de “America para los americanos” pasó de presunto benefactor a opresor.
Nació así el “corolario de Roosevelt” formulado ante el Congreso en 1904, para explicar cómo, a la vez que el país respondía al bloqueo a Venezuela por las potencias, se sumaba al mismo, hecho mediante el cual, el presidente estadounidense fue a la vez interventor, mediador y garante. De ese modo la Doctrina Monroe, sirve a Estados Unidos tanto para proteger como para intervenir
Con poco éxito, el corolario de Theodore Roosevelt fue levantado por otro Roosevelt, Franklin Delano, para aplicar la politica de buena vecindad.
En este minuto, cuando Venezuela no es amenazada por ninguna potencia extranjera, excepto los Estados Unidos, Trump reivindica su propio corolario, al tratar de adaptar a su cantinflesco estilo el más socorrido pilar de la nefasta política hacia América Latina.
Ahora carezco de espacio, luego les cuento sobre el “Corolario Trump” y cuáles pueden ser sus consecuencias. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto! )


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