El persistente y dañino secretismo

Carlos Alzugaray/La Habana

La participación de los ciudadanos en la política de sus países respectivos es tanto un derecho como un deber. Ninguna democracia que se respete puede prescindir de ese elemento. A los que gobiernan les resulta beneficioso fomentar la participación crítica de la ciudadanía pues les sirve para retroalimentarse y rectificar si resulta necesario.

En Cuba hay un gran déficit participativo. A los gobernantes no parece interesarles que la ciudadanía los cuestione y les exija rendiciones de cuentas. Cuando se da una situación como la de la Cuba actual, los gobernantes hacen caso omiso de las críticas ciudadanas y se escudan en cualquier excusa para no tomar decisiones con transparencia. Es así que los problemas del país se agudizan, como está sucediendo en la Cuba de hoy.

Un ejemplo, no el único, es lo que acaba de pasar con el caso de Alejandro Gil y su alegada actividad criminal.

Desde hace dos años los ciudadanos nos hemos venido preguntando qué pasaba con el proceso penal contra Alejandro Gil, quien fuera cercano colaborador del presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez, vice primer ministro y ministro de economía y planificación. Aunque no ha sido mucho, por el contrario más bien muy escaso, sería cansón hacer aquí un recuento de lo poco que se ha informado oficialmente.

Ahora, después de condenarlo a cadena perpetua por el delito de espionaje y a 20 años por un conjunto de delitos relacionados con la corrupción, en juicios a puerta cerrada, el comunicado que acaba de publicar el Tribunal Supremo Popular nos deja en las mismas. No sabemos qué hizo, no sabemos para qué potencia extranjera espió, no sabemos como logró hacerlo y causarle tanto daño al país y no sabemos quiénes fueron sus cómplices.

Parece mentira y así es. Un comunicado que dice mucho pero no informa nada. Y eso a pesar de que desde el gobierno se nos dice constantemente que comunicar y comunicar bien es una prioridad de las autoridades.

Lo que ha hecho la máxima instancia de justicia de nuestra Nación es sumarse al pernicioso culto al secretismo que caracteriza al Ejecutivo y al Parlamento.

Esto es vergonzoso y me causa, al menos a mí, profundo asombro y consternación. No veo ni el menor atisbo de rectificación ni de voluntad de servir al pueblo con transparencia y responsabilidad.

Y lo digo con dolor.

Sería terrible que naufragara el proyecto revolucionario al que muchos entregamos nuestras vidas.

Y para que no quepa la menor duda de que hago las críticas desde una posición constructiva y de ayuda, llamo la atención sobre estas palabras pronunciadas por Raúl Castro en el 2011 cuando criticó frontalmente las prácticas secretivas:

«Es preciso poner sobre la mesa toda la información y los argumentos que fundamentan cada decisión y de paso, suprimir el exceso de secretismo a que nos habituamos durante más de 50 años de cerco enemigo. . . . Y soy un defensor de la lucha contra el secretismo, porque detrás de esa adornada alfombra es donde se ocultan las fallas que tenemos, y los interesados en que sea así y siga así. . . . Por eso, ¿secretismo? No. El que quiera guardar secretos de sus propias deficiencias que luche y dedique ese gran esfuerzo en evitarlas . . .»

Raúl Castro Ruz, Discurso pronunciado en la clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 18 de diciembre de 2010. www.cuba.cu/gobierno/rauldiscursos/2010/esp/r181210e.html

(Tomado de Facebook del autor)



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