Manuel Juan Somoza /la Habana
Con anuncios novedosos, estimulantes y esperados por más de una década, acaba de concluir la Feria Internacional de La Habana, Fihav 2025, y una vez más lo prometido y acordado enfrentará el reto de hacer traspasar la luz por el tupido andamiaje burocrático imperante en Cuba.
Lo novedoso abarcó, entre otros aspectos, desde reducir a siete días el tiempo máximo para aprobar una inversión extranjera -si no hay respuesta en ese plazo se considera aprobada- hasta el anuncio del primer ministro Manuel Marrero de que “antes de que termine este año” se anunciarán mayores oportunidades al capital foráneo.
También se permitirá que las empresas establezcan cuentas bancarias en el exterior –sin necesidad de que las operaciones pasen por bancos cubanos– y podrán DECIDIR la contratación de sus trabajadores ( con pago en divisas fuertes) a través de una empleadora estatal, reclamo persistente de los inversionistas desoído hasta ahora.
Por otra parte, cualquier modalidad de inversión extranjera podrá comercializar de forma mayorista sus productos y servicios a cualquier actor económico nacional que tenga capacidad de pago, sin “ningún tipo de restricción…, no hay ningún obstáculo, no hay nada que lo prohíba”, señaló el vice primer ministro y titular del ramo, Oscar Pérez-Oliva Fraga, nuevo dirigente en ascenso en el panorama político nacional.
¿Y los cubanos residentes fuera de la isla?
En cuanto a la participación como inversionistas de los cubanos residentes fuera de la isla, los comentarios oficiales en Fihav 2025 fueron menos nítidos y se basaron en reiterar que nada impide su participación.
“Es fundamental reconocer que la diáspora cubana —por su capacidad de inversión, su experiencia empresarial, su acceso a mercados internacionales y su vínculo emocional con la isla— puede convertirse en el actor económico más importante a corto y mediano plazo en la transformación del sector privado cubano”, consideró el empresario cubano-estadounidense, Hugo Cancio, con negocios en la isla y pionero en esa aventura.
“Quienes hemos abogado durante años por este reconocimiento, y por la integración plena de la diáspora en la vida económica del país, -agregó Cancio- vemos en estas medidas un gesto importante y largamente esperado. Aunque todavía resultan insuficientes, abren una puerta que durante décadas permaneció cerrada”.
En la feria de este año participaron 715 compañías en representación de 52 países, procedentes de todos los continentes, incluidas 268 empresas cubanas estatales y privadas, en medio de una policirisis sin control.
La suerte en materia de inversión extranjera, vital para la economía nacional, ha vuelto a ser echada. El tiempo dirá.


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