Otros socialismos  


   Jorge Gómez Barata/La Habana
Ni Marx ni Lenin conocieron a los Estados Unidos. De los líderes bolcheviques sólo Nicolai Bujarin y Liev Trotski vivieron, allí ambos reformistas y víctimas de Stalin. Como fruto de aquella experiencia, en 1934 Trotski escribió un audaz artículo: “SI NORTEAMÉRICA SE HICIERA COMUNISTA”, el cual concluyó con una profecía no menos audaz: “En el tercer año de gobierno soviético en Norteamérica, ya no mascaréis goma”
El colapso del socialismo real en Europa Oriental y en la Unión Soviética, iniciado en los años ochenta del pasado siglo, no fue un ajuste político ni un cambio de régimen, sino un tsunami político, económico, social, filosófico, cultural, incluso tecnológico que afectó a unos 40 países, entre ellos a la URSS, la segunda mayor superpotencia militar, en los cuales se estableció un nuevo orden, proceso que, por sus dimensiones y su naturaleza, constituyó un ajuste civilizatorio.
De hecho, cesó la división del mundo en dos sistemas, se minimizó la competencia económica y se abrió paso la colaboración económica, financiera y comercial, los capitales, las tecnologías y las formas de gerencia basadas en el mercado se establecieron en China, Rusia y en el resto de los países ex socialistas. Las confrontaciones ideológicas cesaron y se ralentizó la carrera de armamentos. La globalización se consolidó y la posibilidad de guerra mundial se alejó.    
En los siguientes cuarenta años he tratado de explicar por qué ocurrió aquel conjunto de fenómenos y escrito varios artículos, todos han sido publicados y están disponibles.
Una de las conclusiones a las que he llegado es que se trató de consecuencias auto infringidas, es decir un fenómeno básicamente interno de las sociedades involucradas, motivado por errores de los cuales, los operadores políticos al mando fueron advertidos y que afectó a un tipo específico del socialismo y, no a sus génesis ni a todas sus manifestaciones.
Hoy, en medio de litigios dominados, no por formas de competencia regulares, sino por la guerra, las superpotencias y otros protagonistas, pasan por alto que todas las formas del socialismo son refinados productos europeos, algunos de ellos trascendidos por el tiempo, otros en pausa y con pronósticos reservados.
Lo que, al parecer es ya una página vuelta, es la versión soviética que no sobrevivió a la incompetencia, la tozudez y los errores políticos de sus operadores (excepto Gorbachov), que rechazaron la existencia de otros y todas las alianzas con cualquier fuerza política diferente. La exclusividad ideológica y política, adoptada como principio y fin, suprimió cualquier manifestación de pluralismo y excluyó la democracia.
A quien le interese, lea las 21 Condiciones acuñadas por la Internacional Comunista para formar parte del movimiento socialista internacional liderado por la URSS, de las cuales cito algunas: “Romper totalmente con los reformistas. Denunciar el social-patriotismo y el social-pacifismo. Atacar a la Internacional de Sindicatos Amarillos. Apoyar incondicionalmente a todas las repúblicas soviéticas y Todo partido miembro, ha de llamarse: Partido Comunista…” (SIC)
Las ideologías son sistemas de ideas, asociados a formas específicas de la conciencia social que se fomentan y propagan en diferentes momentos de los procesos civilizatorios. La fe religiosa es la primera. De hecho, es como un  vademécum que acompaña a la humanidad desde los orígenes. Otras ideologías se desarrollaron más tarde y son menos universales, como ocurre con la política, asociada a los intereses de las clases y los partidos políticos.
Las más recientes son precisamente las de matriz y perfil socialista: marxismo, socialdemocracia y pensamiento socialcristiano. Por ignotas y complejas razones, ninguna de ellas prosperó en los Estados Unidos, el país más liberal del mundo donde, sin embargo, el marxismo fue una corriente política considerable, cosa que tampoco han sido la socialdemocracia ni el sindicalismo.
Por qué, me he preguntado. Las únicas respuestas que he encontrado están ligadas a la precedencia. De hecho, el liberalismo americano, alcanzó el poder antes de que surgiera el marxismo, tronco común del resto de las corrientes políticas mencionadas.  
  En los años cincuenta, ligado a los resultados de la II Guerra Mundial que disparó el prestigio de la Unión Soviética en Estados Unidos donde hubo encuestas en las cuales Stalin era más popular que Churchill, el socialismo fue confrontado por el macartismo, una ideología sumamente conservadora y agresiva que lesionó, entre otras, a la figura de Roosevelt cuya ejecutoria política fue premiada por el pueblo americano con tres reelecciones. Nunca antes ni después, quizás hasta las elecciones de Barack Obama y Zohran Mamdani, la democracia americana había optado por una alternativa real.
Por sus políticas económicas que apostaron por las mayorías, miraron para la clase media y más abajo, involucraron al estado para paliar la “Gran Depresión”, el trigésimo segundo presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt fue tildado de socialista, cosa que en realidad fue, aunque tal vez no lo sabía. En cambio, Zohran Mamdani, alcalde electo de Nueva York no sólo lo admite, sino que se ufana de ello.
También fueron socialistas o encabezaron corrientes de esa matriz, otros gobernantes de países capitalistas políticamente liberales y económicamente avanzados, entre otros León Blum, presidente de Francia, Bruno Kreisky, primer ministro austriaco, Olof Palme primer ministro sueco, Billy Brand primer ministro de la República Federal de Alemania.  
En el Manifiesto Comunista, Karl Marx etiquetó al menos media docena de denominaciones o corrientes socialistas: “Socialismo reaccionario”, “Socialismo feudal”, “Socialismo pequeñoburgués”, “Socialismo alemán o «verdadero» socialismo”, “Socialismo burgués o conservador”, “Socialismo y  comunismo crítico-utópico”.
“En la actualidad -escribió Trotski en el artículo citado- muchos norteamericanos consideran el comunismo solamente a la luz de la experiencia de la Unión Soviética. Temen que el sovietismo en Norteamérica produzca los mismos resultados que les trajo a los pueblos culturalmente atrasados de la Unión Soviética y que el comunismo los meta en un lecho de Procusto…Roosevelt no está preparando la transformación soviética de Estados Unidos”.


Tampoco, digo yo, lo hará Zohran Mamdani, cuya condición  por nacimiento limita su horizonte político pero cuya edad lo convierte en una promesa. En fin, allá nos vemos.
 (Tomado del diario ¡Por esto! )

Deja un comentario