El virus

Susana Besteiro Fornet 

Si viviéramos en el siglo XVI quizás estaríamos yendo masivamente a las plazas, rezando el rosario completo cien veces y pidiendo perdón por nuestros pecados, convencidos de que el mal que diariamente contagia a algún conocido es un castigo divino. Afortunadamente esas cosas ya no ocurren en 2025, ahora sabemos que el mal que nos aqueja es causado por cierto mosquito creativo, trabajador y prolífico y todo su extenso repertorio de enfermedades.

Sin embargo, la ola de contagios de las últimas semanas está envuelta en ese aire de misticismo digno del 1500, pues ante cualquier síntoma, sea respiratorio, estomacal, una fiebre o un dolor, rápidamente lo achacamos a ese ente misterioso, impredecible y omnipresente que hemos bautizado como “el virus”. Yo tuve el virus, él tuvo el virus, ella tiene el virus, ellos tenían el virus, ustedes tendrán el virus y así podemos conjugar todos los tiempos verbales.

Pudiéramos dividir la evolución de “el virus” en varias fases:

1 La bola: “Dicen que la cosa por Oriente está malísima, hay una pila de gente enferma con el virus ese que anda. Sí sí, es peor que el dengue.”

2 La llegada al barrio: “¿Viste que la mujer de Juanito cogió el virus? Imagínate, si esa gente tienen el basurero ese frente con frente a la casa, tú sabes la mosquitera que da eso.”

3 La moda: “Ay mija, si en mi casa estamos todos con el virus: mi mamá, mi hermano, mis sobrinos, yo estoy seguro lo cojo en cualquier momento. Hasta el perro seguro lo coje.”

4 Fumiga, Paquito, fumiga: “Ven, muchacho, aquí no has fumigado todavía. Sí yo sé que estás en el edificio todavía, pero es se le va a acabar la gasolina al aparatico y me voy a quedar en esa, que siempre me pasa lo mismo.”

5 Normalización: “Oye cuántos días sin verte, ¿tenías el virus?”

En medio de consejos, remedios caseros enviados por familiares, consejos infalibles y tutoriales de Youtube, no pretende este texto ser alarmista ni echar leña al fuego, solo una lectura de la reacción popular tan característica del cubano. Pero que la risa no nos confunda: la prevención es la única oración moderna que funciona. Cuidado con el chicunguya, el oropuche, el dengue y todas las variantes que el incansable mosquito nos regala. Fumiga, Paquito, fumiga.

(Tomado del Blog Castillos en el Aire)

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