¿Por qué indigna el Nobel de María Corina?

Juan Manuel Somoza/La Habana

¿Por qué la indignación provocada a partir del otorgamiento del Premio Nobel a la otra Macorina , que no es la de nuestra “ponme la mano aquí”?

Entre muchas razones, debido a que sería suicida vivir al margen de lo que acontece en el resto de la aldea por muy jodidos que estemos- y lo estamos- en la isla.

Claro que a quien vive entre apagones, sin agua potable en la pila, pendiente de una balita de gas que aparece y desaparece, y desilusionado por las muchas promesas oficiales sin cumplir, le importa poco la buena suerte de la Macorina venezolana.

Pero ocurre que hasta esa variable remota y de connotación política, podría incidir en la revoltura de los mercados mundiales, ya alborotados por la guerra arancelaria de Trump y la otra en Ucrania, en tiempos en que se disparan precios, aumentan los costos de lo que importan nuestros mercaderes privados -principal fuente de alimentación de los cubanos- y le cuesta a unos pagar más por una libra de azúcar importada o dos de arroz, dejando a los que no pueden pagar la alternativa de ir “a tomar por saco”, como diría el gallego.

Aunque cada vez nos acerquemos otro tanto a la forma de vivir del hombre primitivo y su caverna -para beneplácito de Marco Rubio y sus acólitos- no lo hacemos, no podemos hacerlo al margen de este mundo interconectado, para mal.

De ahí la conveniencia de no estar ciego a lo que ocurre en otras partes de la aldea, a fin de calibrar lo mejor posible la manera que cada quien ha encontrado para vivir, sobrevivir o mal vivir en esta policiris que no deja de engordar en el país.

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