Manuel Juan Somoza (La Habana)
Así cantaba antaño Panchito Riset , mientras hoy la cotidianidad cubana se empeña en recordarlo para mal, aunque nos prometan lo contrario.
Este jueves, la isla amaneció con un déficit de generación eléctrica de mil 150 megawatt y a la noche se pronostican mil 810, al tiempo que la programación diaria de apagones es un caos.
“Ya ni me preocupo por saber a qué hora quitarán la luz. La quitan todos los días cuando uno menos lo espera”, dice la septuagenaria Aleida, quien cuenta entre quienes buscan alguna esperanza en los noticieros de la televisión estatal.
Y como si la oscuridad inamovible no fuera suficiente y no subsistieran muchos cubanos más con agua potable a cuenta gotas y carencia de casi todo lo elemental también para vivir, el día a día nos tira de las manos a fin de continuar en el camino a la semilla.
No obstante, octubre tiene sus encantos para mí, entre otras razones, por los aniversarios de nacimientos de mi tercera hija (hoy residente en Canadá), de mi quinto nieto (hoy con sus padres en EU) y por la visita que espero de mi quinto hijo, quien llegará de España, donde vive.
Soy parte, no excepción, de la APA, Asociación de Padres Abandonados, como decía en jodedera el cronista Ángel Tomás. Cruda realidad que ha fracturado familias, enraizado el odio y espantado la ilusión.
Así es la vida en mi país, cuando prosigue la guerra silenciosa que nos hace el Norte, en tanto los mandantes aquí buscan sin encontrar respuestas que, al menos, despierten algún ánimo.
¿LLEGAREMOS A 2026?
Esa fue la pregunta que hace pocos días hizo en Facebook el profesor Abel Tablada, la misma que me animó al riesgoso ejercicio de pronosticar lo que sigue.
A mi entender, muchos cubanos llegarán agotados y descorazonados; habrá quienes hagan del NTV una esperanza, como ocurre ahora; y otros seguirán posesionándose en el mercado, que se consolidará en el futuro inmediato a lo vietnamita-chino, o a la rusa, o a la usanza de Miami.
El gobierno mantendrá invariable la política en curso (sordo a lo que discrepe), al menos, mientras Raúl Castro tenga la última palabra en asuntos de estrategia (como advirtió Miguel Díaz-Canel al asumir su primer mandato presidencial), incluido el próximo congreso del Partido Comunista.
Después de la inevitable partida del único general de ejército de las Fuerzas Armadas Revolucionaria (FAR) y del ministerio del Interior (MININT) , habría que ver cómo se acoplan los dirigentes surgidos y los que surjan de las estructuras militares y políticas. A mi cuenta solo quedan en activo tres generales de cuerpo de ejército, dos en las FAR y uno en el MININT.
Esta transición cubana hacia lo desconocido seguirá tortuosa. Desde el Norte acentuarán su guerra silenciosa, pero el gobierno tiene reservas para enfrentar situaciones similares o mayores que las manifestaciones de protestas del 11 J. Estaría por conocer si, en ese escenario, Washington apelaría a la denominada “ayuda humanitaria” ( Venezuela, balón de ensayo).


Deja un comentario