Aumento de indisciplinas sociales preocupa en Cuba



En un contexto de grave crisis económica, acciones como tomar un ómnibus (que demora horas) o la cola (fila) para comprar alimentos se han convertido en la isla en escenario de graves indisciplinas sociales.

Francisco Ramírez/La Habana


Las indisciplinas sociales, a menudo antesala de delitos más graves, la pérdida de valores  y los ruidos estridentes están erosionando la vida social de la nación insular caribeña.

Medios oficiales y ciudadanos advierten desde hace años sobre estos flagelos y reclaman acciones más enérgicas por parte del gobierno para erradicar esas conductas negativas.

La agresividad en el trato tanto a personas como a la propiedad social, la falta de cortesía y urbanismo, se han expandido en casi todo el país. Junto con el vandalismo y la violencia interpersonal.



 Este entramado quebranta las normas de urbanidad que regulan la conducta de las personas y promueven el respeto, la cortesía, la buena educación y la convivencia pacífica entre los individuos en los diferentes ámbitos de la vida social.

El deterioro de valores universalmente reconocidos ha llevado a algunos pesimistas a pensar que, aunque Cuba levante su economía, tendrán que pasar varias generaciones para que cambien estos comportamientos.

Se han vuelto frecuentes en la isla los ataques al transporte público y la destrucción de teléfonos colectivos y contenedores de basura, así como el maltrato al público en instituciones estatales.

Para las autoridades, “las indisciplinas sociales son una seria amenaza a la seguridad y tranquilidad ciudadanas, y si no se enfrentan con energía ahora, mañana serán un problema mayor”.

Pero estas advertencias parecen caer en oídos sordos.



La más reciente expresión de este fenómeno, casi inexistente en la isla hace seis décadas, es el apedreamiento de ómnibus del transporte público, a veces a plena luz del día, y reproducida a gran escala a través de las diferentes redes sociales.

Estas acciones no solo ponen en riesgo a los pasajeros, sino que menoscaban la cada día más reducida flota de estos vehículos, que a duras penas salen a funcionar pese a la escasez de combustible y piezas de repuesto.

Cuba sufre una severa crisis económica y social por el impacto de la pandemia de Covid, las sanciones de Estados Unidos, la crisis internacional, y fallidas políticas internas que repercuten en la escasez de alimentos, medicinas, transporte y galopante inflación.

Otro tema que preocupa por su impacto en la salud y la moral ciudadana son los depósitos y vertederos desbordados por la basura que se acumula durante días en las calles de La Habana.

En ocasiones vecinos han prendido fuego a estos tiraderos. Como no alcanzan los contenedores y demoran semanas los camiones recolectores, también esparcen las bolsas de desechos de acera a acera.

Funcionarios del sector hidráulico atribuyen a las indisciplinas la “mala gestión del saneamiento” de esta ciudad de unos 2 millones de habitantes.

Y condenan el robo de rejas de tragantes y tapas de registros, frecuentes en municipios como La Lisa, Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre, Plaza de la Revolución y Playa.

Por otro lado, está el tema del ruido excesivo, considerado uno de los contaminantes más agresivos.

La Habana se ha transformado en una ciudad cada día más estridente. Ni las quejas de las víctimas ni las regulaciones legales han logrado poner freno a tanto ruido. La paz y el silencio brillan por su ausencia.

Se trata de un problema medioambiental y social que afecta la calidad de vida y salud de la población, causa trastornos físicos, pérdida de audición y desequilibrios psicológicos.

La música alta, a veces hasta en la madrugada, generada en bares y cafeterías privados

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