Nos han tirado a matar

Manuel Juan Somoza/La Habana

Por primera vez veo más o menos clara la táctica del gobierno en estos tiempos de guerra impuesta, silenciosa y mortífera, así como de burocracia mandante a todos los niveles. De arriba a abajo y de derecha a izquierda.

Hablándole a dirigentes nacionales el jueves, el presidente Díaz-Canel dijo entre otras cosas, según Cubadebate: “Nos han tirado a matar (Trump-Marco Rubio), pero aquí seguimos, preparando un congreso, potenciando un programa de gobierno para reanimar la economía…”.

Y de ese pronunciamiento se desprende la razón por la cual los medios oficiales siguen como línea informativa la de dar una imagen de normalidad y promover optimismo de cualquier hecho minúsculo o puntual, cuando lo que sobra es lo contrario.

Si descifré bien las entrelineas del pronunciamiento presidencial, a nivel de la máxima dirección del país las cosas fluyen. El Partido prepara su nuevo congreso, el gobierno se reúne sistemáticamente (hay vida interna), recorre provincias, establece líneas de trabajo, destaca el “heroísmo del pueblo”, insta a separar “los problemas objetivos (lo no solucionable materialmente) de los subjetivos” (desorganización, ineptitud, inercia etc…), y reafirma la importancia decisiva de la gestión que, desde hace años, se le viene solicitando a los gobiernos municipales, locales.

Supongamos entonces que las decisiones que se adoptan nacionalmente son correctas. Para el análisis dejemos a un lado las críticas de economistas y académicos a la política económica en curso (todavía se desconocen los detalles del plan para reanimar la economía, y se continúa a la espera de una ley de empresas estatales y privadas).

Reitero, dejemos a un lado esos aspectos, que no son menores, y partamos de que las decisiones que se aprueban a nivel central son brillantes.

A partir de ahí, a mi entender, el grave problema radica en que esa supuesta brillantez tendría que realizarse mediante una estructura totalmente burocratizada (por no decir esclerotizada), con unos gobiernos municipales habituados durante DÉCADAS a obedecer y a no a pensar con cabeza propia.

Salvo excepciones, que las hay, lo que uno se encuentra en esos gobiernos no son cuadros, son cuadrados habituados a reproducir el ordeno y mando tradicional. Y con esa estructura y esos dirigentes de base no hay plan ni idea que se desarrolle por muy brillante que sea, incluso con los DELEGADOS dedicados a tiempo completo a la comunidad, como ordenó el primer ministro.

Habría hasta que reinventar el llamado Poder Popular y hacerlo popular de verdad, no para la complacencia de la propaganda. Al menos, es lo que pienso y digo, porque es mi manera de aportar, aunque solo sean ideas que pueden no gustar.

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