Es común ver en La Habana depósitos y vertederos desbordados por la basura que se acumula durante días.Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
En un contexto de grave crisis económica, acciones como tomar un ómnibus o la cola (fila) para comprar alimentos se han convertido en la isla en escenario de graves indisciplinas sociales.
IPS/La Habana
-Las indisciplinas sociales, a menudo antesala de delitos más graves, los ruidos estridentes y la pérdida de valores están erosionando la vida social de la nación insular caribeña.
Medios oficiales y ciudadanos advierten desde hace años sobre estos flagelos y reclaman acciones más enérgicas por parte del gobierno para erradicar esas conductas negativas.
La agresividad en el trato tanto a personas como a la propiedad social, la falta de cortesía y urbanismo, sobre todo entre los jóvenes, se han expandido en casi todo el país. Junto con el vandalismo y la violencia interpersonal.
El deterioro de valores universalmente reconocidos ha llevado a algunos pesimistas a pensar que, aunque Cuba levante su economía, tendrán que pasar varias generaciones para que cambien estos comportamientos.
Preocupación

Las indisciplinas sociales están erosionando la vida social de Cuba. (Foto: Tomada de redes sociales)
En julio de 2013, al hablar ante el Parlamento unicameral, el entonces presidente Raúl Castro llamó a enfrentar los delitos y las indisciplinas sociales porque la “actualización” del modelo socialista demanda un clima de “orden, disciplina y exigencia”.
El mandatario lamentó que a lo largo de más de dos décadas de crisis económica (que ha seguido profundizándose) aumentó el deterioro de la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro y la honradez.
Se han vuelto frecuentes en la isla los ataques al transporte público y la destrucción de teléfonos colectivos y contenedores de basura, así como el maltrato al público en instituciones estatales.
Sabotajes contra el transporte
Para las autoridades, “las indisciplinas sociales son una seria amenaza a la seguridad y tranquilidad ciudadanas, y si no se enfrentan con energía ahora, mañana serán un problema mayor”.
La más reciente expresión de este fenómeno, casi inexistente en la isla hace seis décadas, es el apedreamiento de ómnibus del transporte público, a veces a plena luz del día, y reproducida a gran escala a través de las diferentes redes sociales.
Estas acciones no solo ponen en riesgo a los pasajeros, sino que menoscaban la cada día más reducida flota de estos vehículos, que a duras penas salen a funcionar pese a la escasez de combustible y piezas de repuesto.
Cuba sufre una severa crisis económica y social por el impacto de la pandemia de Covid, las sanciones de Estados Unidos, la crisis internacional, y fallidas políticas internas que repercuten en la escasez de alimentos, medicinas, transporte y galopante inflación.

La más reciente expresión de vandalismo, casi inexistente en la isla hace seis décadas, es el apedreamiento de ómnibus del transporte público, a veces a plena luz del día, y reproducida a gran escala a través de las diferentes redes sociales. (Foto: Tomada de redes sociales)
Un lector del portal oficial Cubadebate, identificado solo como Raúl, exigió que las autoridades organicen un sistema de protección para la explotación y conservación de estos envejecidos ómnibus.
Un forista, más radical, se quejó de que a estas acciones sigan llamándolas “hechos vandálicos”, “Yo los veo como ՙactividades contrarrevolucionarias՚ para dañar más el transporte y son instigados desde el exterior”.
La basura
Es común ver en La Habana depósitos y vertederos desbordados por la basura que se acumula durante días. Se obstruyen calles y alcantarillas.
En ocasiones vecinos han prendido fuego a estos tiraderos. Como no alcanzan los contenedores y demoran semanas los camiones recolectores, también esparcen las bolsas de desechos de acera a acera.
Funcionarios del sector hidráulico atribuyen a las indisciplinas la “mala gestión del saneamiento” de esta ciudad de más de 2 millones de habitantes.
Y condenan el robo de rejas de tragantes y tapas de registros, frecuentes en municipios como La Lisa, Centro Habana, Cerro, Diez de Octubre, Plaza de la Revolución y Playa.

En ocasiones vecinos han prendido fuego a estos tiraderos. Como no alcanzan los contenedores y demoran semanas los camiones recolectores, también esparcen las bolsas de desechos de acera a acera. (Foto: Archivo IPS Cuba)
El ruido
Expertos señalan que el ruido excesivo es considerado uno de los contaminantes más agresivos y constituye un problema medioambiental y social que afecta la calidad de vida y salud de la población, causa trastornos físicos, pérdida de audición y desequilibrios psicológicos.
La Habana se ha transformado en una ciudad cada día más estridente. Ni las quejas de las víctimas ni las regulaciones legales han logrado poner freno a tanto ruido. La paz y el silencio brillan por su ausencia.
La música alta, a veces hasta en la madrugada, generada en bares y cafeterías privados y estatales, ensordece y las conversaciones a gritos, a veces con palabras soeces, se cuelan por las ventanas de las viviendas.
Marta Acosta denunció que una cafetería de la barriada de Jaimanitas, en el oeste de la capital, se ha convertido en un lugar de venta de cerveza. “Carros y motos se parquean con música alta a toda hora y corren motos por la 5ta Avenida. Llamamos a la policía y no vienen nunca. Es una pesadilla para los vecinos”. (2025)
(Tomado de IPS/Cuba)


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