Más allá de extirpar partes del texto original que fueron recriminadas por lectores, el “análisis” publicado en Cubadebate sobre el turismo internacional encubre un gran error de política económica y prepara el terreno para continuarlo mediante una variante “light”.

La coexistencia durante el período 2017-2024 de una inversión turística promedio equivalente a 38,5% de la inversión total del país con casi dos terceras partes de la capacidad hotelera desocupada no ha sido una fatalidad. Es el resultado de una pésima decisión política.
La decisión de priorizar la desmesurada inversión turística no puede explicarse desde una perspectiva de desarrollo. Surge de la imposición de un “modelo de negocios” inmobiliario.
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Es vergonzoso que el clímax del festín inversionista inmobiliario, rozando la mitad de la inversión nacional a pesar de tener tres cuartas partes de las habitaciones hoteleras vacías, haya ocurrido en 2020, en medio del drama humanitario agravado por la pandemia.
Peor aún es que se haya mantenido una inversión turística promedio equivalente a 36,5% de la inversión total en 2021-2024, un nivel que no se alcanzó en los 25 años anteriores a 2018, cuando hubo tasas de ocupación más altas que justificaban inversiones.
El usual argumento, repetido en el artículo de Cubadebate, de que el turismo es “el principal motor que dinamiza y articula el desarrollo de otros sectores productivos del país” nunca ha sido validado por el gobierno cubano con indicadores aceptables.
El relato oficial consiste en una cháchara sobre “encadenamientos productivos” de tipo anecdótica, pero sin mencionar datos de indicadores relevantes utilizados internacionalmente como son los multiplicadores de Leontief y de Ghosh.
Hay otro indicador sobre el que oficialmente no se publican datos -los ingresos NETOS en divisas del turismo- quizás porque desluciría la imagen del “motor”. Se publica el ingreso BRUTO sin descontar los gastos en divisas del turismo, lo cual exagera el aporte real.
También es problemática la presentación del turismo como una transformación avanzada de la especialización internacional de Cuba hacia los servicios que reemplazaría exportaciones de bienes. Los datos indican una trayectoria problemática.

Además de registrarse una notable oscilación en la proporción de los ingresos por turismo como porciento del valor de las exportaciones de bienes que indica una base volátil para transformar la especialización internacional, la línea de tendencia decreció moderadamente.
Entre 2013 y 2014 se produjo una notable modificación en el peso relativo de la inversión de los dos principales componentes -a nivel de “actividades”-asociada al predominio del “modelo de negocios” inmobiliario en el turismo.

La opacidad estadística no permite esclarecer causas y significado de la reciente reversión de tendencia entre ambos componentes de la inversión, pero incluso habiéndose reducido desde el “pico” de 2020, la inversión inmobiliaria sigue siendo excesiva.
Los datos trimestrales más recientes de enero-abril 2025 indican que la inversión en “servicios empresariales, actividades inmobiliarias y de alquiler” representaban 15,9% de la inversión total y en “hoteles y restaurantes” 4,7%, para un total combinado de 20,6%.
Habría que esperar por datos completos de 2025 para tener una representación anual comparable, pero los datos de enero-abril 2025 indican la probable reducción de la inversión en turismo como % de la inversión total, aunque seguiría siendo muy alta.
El artículo de Cubadebate sostiene que la modernización de infraestructura turística es una “prioridad ineludible” asumiendo que no se requerirían inversiones “enormes”. Se justifica una variante “light” del predominio del “modelo de negocio” inmobiliario.

Es una argucia corporativa abogar a favor de una moderación del peso relativo de la inversión turística, pero manteniéndolo a un nivel que todavía sería excesivo, tratando de suavizar la propuesta con la hoja de parra de que no se trataría de inversiones “enormes”.
El problema con la inversión turística no es solo que sea “enorme” de manera absoluta, sino que representa una distribución de recursos nacionales de inversión que no se justifican desde la óptica del desarrollo y que es injusta respecto a urgencias alimentarias y sociales.
Al final, intenta justificarse un patrón de inversiones ampliamente impopular que responde a intereses “corporativos” que han impuesto un modelo turístico inmobiliario extractivista de rentas y que prioriza la capitalización de activos.
(Tomado de El Substack de Pedro)


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