Manuel Juan Somoza/La Habana
Escuché el podcast de La Joven Cuba (LJC) -medio digital independiente de la oficialidad- con el reconocido artista Israel Rojas como centro y pensando en imposibles, no sé hasta cuándo, me pregunto cuál sería su efecto si la TV nacional lo reprodujera en horario de buena audiencia.
Se habló con claridad de política, música y sociedad. De sentimientos, cubanía y añoranzas.
Me impactaron de manera positiva las preguntas y respuestas que a mi entender fluyeron como transcurre el diálogo en la intimidad de cualquier casa de Cuba en estos tiempos de contradicciones y penurias.
Leí después las reacciones: los elogios a ambos; el aplauso al líder del grupo musical Buena Fe y la descalificación de Mariana Camejo por sus preguntas; el linchamiento mediático, una vez más, al intelectual creo que guantanamero de origen.
Doy por seguro que los dedicados a velar por “la pureza ideológica” le dedicaron tiempo y supongo que sean muchos los que decidieron no gastar datos en escucharla y aquellos a quienes los apagones y demás tribulaciones diarias le restaron ánimos.
Coincido con varios de los conceptos que flotaron durante el intercambio. Uno de ellos referido a la polarización política que se profundiza a la misma velocidad -o quizá un poco más- que la multicrisis que corroe a la Nación.
La guerra por lo general silenciosa y cínica, pero siempre mortífera, que aplica Estados Unidos contra este país desde hace mucho más de medio siglo no terminará. Ahí está la historia para confirmarlo.
Solo queda la renovación a lo interno, pero no repitiendo consignas y enfoques de tiempos que no son estos, acabando de asumir que las políticas aprobadas no funcionan en la economía, donde radica una de las esencias de los 10 mil problemas en curso, y que insistir en lo que no funciona puede terminar entregando el país a los contrarios -sangre por medio-, aunque desde el gobierno repitan y repitan que la aspiración es mantener la soberanía, la independencia del país y un rumbo socialista.
L.a verdad siempre es relativa, no exclusividad de alguien. Dirigir a Cuba en estos tiempos demanda el liderazgo con que no se cuenta. Entonces, ¿por qué no ampliar el consenso más allá de los que piensan y repiten lo mismo? Los mecanismos para la llamada participación popular NO FUNCIONAN, son exactamente eso, mecanismos para alimentación de la burocracia política.
O es que no se quiere o no se puede entender la distancia que se ahonda entre quienes toman las decisiones y quienes las padecen. Si es así, el país terminara donde todo comenzó en 1959, o más exactamente, antes.


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