Carta abierta a Israel Rojas Fiel

Félix López/Andalucía

Querido Israel, durante los últimos días he seguido con interés la polémica por tu soberana decisión de darle una entrevista a La Joven Cuba (LJC). Como tu mismo sugeriste, «me he pegado el viaje completo para sacar mis propias conclusiones».

Te adelanto que he seguido con atención e interés los cinco capítulos de la saga de La sobremesa, donde una desinhibida e informada Mariana Camejo pregunta sobre tópicos que le interesan al cubano común y que no están en la agenda de los medios oficiales.

No me voy a detener a dedicarle ni una oración a la biografía de LJC. Tampoco perderé tiempo en secundar a sus detractores, que van muy preocupados por marcar quiénes los financian, pero no los veo exigir que se les explique qué ha pasado con los corruptos que desangran el erario público nacional. El día que me encuentre uno que sea capaz de enfrentar las dos cosas con la misma vehemencia le haré un homenaje virtual sin sonrojarme.

Dicho esto vamos a la entrevista. En lo formal es la puesta en escena que se extraña en la comunicación política criolla, tan perdida como adormecida. Hay un mambí en el encuadre de la entrevistadora. Un manejo profesional e intencional de los primeros planos, que ofrecen cercanía a la comunicadora y su invitado. Una charla que llega sincera, no exenta de antagonismo, como la que ocurre en cualquier sobremesa de cubanos. Y un café.

No te niego que me gustaría que una entrevista de similar calidad la produzca la televisión cubana o cualquiera de los medios oficiales que deberían marcar el ritmo de la comunicación política. Pero como encontrar ese sueño es un rara avis, me reconforta escucharte en LJC hablar de tus inconformidades e insatisfacciones como creador cubano y que confieses que quieres que nuestro país emerja de la actual crisis con todos «juntos, en diálogo, en paz y repensando las cosas».

Estoy de acuerdo con Mariana Camejo cuando dice que «a las instituciones culturales en Cuba le falta proactividad para minar el clima de polarización política en el campo de la cultura». Y me resulta preocupante no encontrar tu misma claridad, coherencia y propuesta en el discurso casi nulo de los operadores políticos. Ojalá les llegue tu advertencia: dejar de mirar el presente con los lentes del pasado, mientras el arte interesante, que no es interés del mercado, se está muriendo. Lapidario.

Para los comisarios del apocalipsis has dejado, una vez más, tu lección de cubanía. Quién pudiera acusarte de traidor, de cobarde, de cómplice o anti patriota por decir lo que deseas para Cuba: unidad, ejemplo personal, que se acorten las distancias entre los que toman las decisiones y los que las padecen, que hay que escuchar a la gente, que se necesita una comunicación política bien hecha y que el país que contamos tiene que parecerse al país en que vivimos. Estar en contra de eso es contrarrevolucionario.

Mariana Camejo te ha pedido que elijas una canción para sugerir que sea escuchada hoy mismo. Has dicho, sin titubear, que sea Patakí de Libertad. En Valientes hay un verso que resume tu paso por La sobremesa: «Qué estoy haciendo aquí, amando a este país como a mí mismo». Te han conminado a decir qué quieres para Cuba en una palabra. Y sin cortarte has dicho «desarrollo». Si todo lo que se dice de LJC fuese verdad, si existiera una mano peluda que le paga para que desestabilice el país, hoy has dado un ejemplo de cómo se debe convertir cada uno de esos dólares en verdades. La mejor manera de confrontar es dialogar, argumentar y defender ante el otro lo que nos parece justo. Chapó, cubanazo!

( Si quiere oir la entrevista y ver las  reacciones de varias personas, entre ellas Mariana Camejo, Israel Rojas, Harold Cérdenas y Manuel Somoza, consultar blog del autor)

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