Cuba, el laberinto y las urgencias

Manuel Juan Somoza/La Habana

No sé si es mérito o demérito, pero he vivido intensamente, no me queda otra alternativa que decir y acabo de hacerlo en “Conmoción en La Catedral”, novela de espionaje a la espera de su realización, aunque las experiencias anteriores sean como garrafones de agua helada.

“Cruzaremos la frontera de noche”, testimonio surgido de convivir con las guerrillas del Frente Polisario, fue el primer intento y el descubrimiento de ese laberinto paralizante que se abre en Cuba ante cualquier autor, cuando funcionarios con poder quieren que los hechos se acomoden siempre a sus visiones de la vida y de la muerte.

Al menos tuve dos lectores satisfechos con el manuscrito, el comandante Juan Almeida y Jorge Risquet, este último propuso hasta hacerle el prólogo, según me informó entonces Alcibiades Hidalgo. Sin embargo, el laberinto me venció y guardé el testimonio en un cajón.

Me llevó 10 años publicar “Crónica desde las entrañas”, novela testimonial que tiene a la isla como centro, abarca poco más de medio siglo desde 1959 y da vida a los avatares de varias familias cubanas.

El milagro de su publicación y presentación en una de las ferias internacionales del libro de La Habana, tiene nombres: la perspicacia de Vivian Núñez, la profesionalidad de Xenia Reloba, la intervención decisiva de Aurelio Alonso y la aprobación final de Víctor Casaus.

Ahora le toca en turno -vivo en un país de turnos para casi todo- a “Conmoción en La Catedral”, novela sobre el enfrentamiento silencioso, riesgoso y al parecer infinito entre los servicios de inteligencia de Estados Unidos y Cuba.

Y una vez más, la necesidad de decir me sitúa ante la incertidumbre de lo que ocurrirá. Ojalá pronto tenga buenas nuevas que contar. No estoy en condiciones de perder tiempo.

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