Déjà vu marinero

Félix López (Andalucía)

En los años más duros del periodo especial viví en la frontera entre Regla y Guanabacoa. Casi todos los días cruzaba en lancha la Bahía de La Habana y desandaba a pie la villa de Regla. Bordeaba su iglesia, venerada por católicos y santeros, y les pedía a todos para que aquel suplicio de apagones y caminatas de penitencia terminara pronto. Más de una vez me senté allí a descansar y más de un ocho de septiembre me emocioné con las procesiones que celebraban a la virgen de los marineros.

Todos esos recuerdos pasan a galope esta mañana de agosto, desde una playa en Chipiona, frente al Atlántico. Sentado al sol, sobre arenas doradas, cuento de este pueblo singular que me devuelve, con los acordes musicales de las olas, tantas cosas de Cuba. Un faro, que es el más alto de España y se erige al lado de la ciudad como el Morro. Casi sobre el mar, como la villa habanera, está el Santuario de Nuestra Señora de Regla.

Con el mismo deseo de aquellos años duros del siglo pasado, entré, me senté y me sinceré. Le he dicho en silencio a la virgencita de Regla que soy ateo, pero que nosotros dos todavía tenemos cosas inconclusas. Le he vuelto a pedir por Cuba, por los cubanos y por el fin de todo lo que no se merecen: los apagones, los traidores del templo y el bloqueo.

(Tomado del Facebook del autor)

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