Jorge Gómez Barata/La Habana
El único animal que puede enfrentar a un oso gris, es otro oso gris.
Rusia y Estados Unidos no pueden ser derrotados por ningún país, ni por todos juntos, excepto la una por el otro. Los arsenales nucleares, la cohetería, la flota de submarinos nucleares y la aviación estratégica mutua, hacen la diferencia, a lo cual se añaden la economía, la inmensidad de los territorios, las distancias y la posición en el espacio. La paridad un fenómeno integral es, a la vez, base de la destrucción mutua asegurada y de la coexistencia pacífica.
No obstante, aunque la igualdad de fuerzas excluye desafíos mutuos, se generan coyunturas en las cuales la confrontación escala hasta un punto en el cual alguna de las partes intensifica los reclamos y las tensiones llegan a un límite de ruptura que aconseja desescalar y, aunque son muy raros, puede aparecer algún ultimátum que, a veces, insta a la negociación, no a la rendición. Acatarlos puede ser inteligente.
Al respecto he leído sobre una anécdota de hace 63 años cuando, en el punto más crítico de la Crisis de los Misiles de 1962 en Cuba, Robert Kennedy, fiscal general de los Estados Unidos y mano derecha de su hermano el presidente JFK en el manejo de la crisis, se disponía a realizar lo que podía ser un último esfuerzo diplomático por desmontar amenazas letales, partía para un encuentro con Anatoli Dobrinin, embajador soviético en Washington.

Al despedirlo el presidente Kennedy le indicó: “Presiónalos al máximo, no los dejes escapar… pero no los empujes más atrás de donde deben estar porque pueden ser impredecibles”. Nunca se ha conocido qué hablaron Robert Kennedy y Dobrinin quien, además de los pormenores del diálogo, comunicó a Moscú que Kennedy esperaba respuesta en 24 horas.
Exacta o no, la anécdota recuerda un ultimátum que colocó el balón en cancha soviética y planteó la cuestión de: retirada negociada o guerra devastadora. En una jugada de selección, Jrushchov eligió negociar antes que pelear. Retiró los misiles de Cuba a cambio de que Estados Unidos desmontara los que poseía en Turkiye y se comprometiera a no invadir a Cuba. Aunque hoy el escenario es menos dramático, existen similitudes.
La crisis y la solución inauguraron la era de la distensión nuclear que dio lugar al Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, a diversas negociaciones sobre la limitación de los arsenales, prohibición de las pruebas nucleares, la Conferencia de Seguridad Europea, y otras acciones que formaron parte de la “detente” que requirieron la colaboración entre las grandes potencias.
Recientemente, el presidente Donald Trump redujo el plazo de su ultimátum a Rusia de 50 a diez días. La pregunta del momento es: ¿Qué puede hacer el presidente Putin en 10 días para crear un escenario de solución del conflicto que complazca a Trump y sea aceptable para Ucrania? Más bien, como afirmó el ex presidente ruso Dimitri Medvedev: “Cada ultimátum o amenaza, es un paso hacia la guerra entre Estados Unidos y Rusia”.
Debido a la condición de potencia mayor, se esperan de Rusia iniciativas y propuestas para parar la guerra y avanzar en negociaciones de paz que, obviamente tienen que ser aceptables para Ucrania. Otras veces he sugerido atender la fórmula coreana que, mediante un armisticio, aunque no terminó la guerra, la puso en una pausa que dura 72 años.
La guerra entre Corea del Norte y Corea del Sur (1950-1953) se desató cuando una invadió a la otra y se internacionalizó cuando el Consejo de Seguridad de la ONU condenó a Corea del Norte y formó una fuerza de paz integrada por 22 países bajo el mando de los Estados Unidos.
Entonces, cuando la República Popular China no formaba parte de la ONU y la Unión Soviética se ausentó de la reunión, el Consejo de Seguridad condenó a Corea del Norte, invocó el Capítulo VII de la Carta y se dispuso a imponer la paz por la fuerza.
A partir del 25 de junio de 1950, quebrando la débil resistencia de Corea del Sur, las tropas norcoreanas avanzaron, tomaron Seúl, y siguieron viaje hacia la profundidad del territorio surcoreano con la intención de salir al Mar de Japón donde termina el país. La meta era derrotar a Corea del Sur, ocuparla y consumar la reunificación nacional cosa que estuvo a punto de conseguir.
Entre tanto Corea del Sur y Estados Unidos, su principal aliado que combatió con mandato de la ONU y bajo su bandera, contraatacó empujó las tropas norcoreanas, hasta el río Yalu, frontera de Corea del Norte con China amenazando con cruzar el cauce y utilizar armas nucleares. En la coyuntura, la República Popular China activó sus mecanismos de defensa, interviniendo con sus tropas en Corea, empujando a los norteamericanos más allá del paralelo 38.
Debido entre otras cosas a gestiones de la Unión Soviética, el 10 de julio de 1951, se iniciaron las conversaciones que, tras varias interrupciones, condujeron al armisticio, firmado el 27 de aquel mes.
El armisticio, una especie de obra de arte de la diplomacia en tiempos de guerra, ha sobrevivido durante 72 años, a pesar del enorme número de violaciones y enfrentamientos derivados, tanto de las contradicciones inter coreanas como de las tensiones de la Guerra Fría. El arreglo ha sido varias veces denunciado sin que haya perdido vigencia. Tampoco han avanzado las propuestas para sustituirlo por un acuerdo de paz.
Respecto a los territorios de Crimea, Donbass y otros, la fórmula más viable es que, por ahora, no sean rusos ni ucranianos, sino independientes. A todos los efectos, en los plazos que se acuerden, estas entidades nacionales, con las prerrogativas que la Carta de la ONU asegura a los estados, aunque con las limitaciones acordadas, tales como desmilitarización y desnuclearización bajo los términos del TNP, prohibición de formar parte de alianzas militares con ningún país ni sumarse a bloques políticos o económicos.
Diez días no son suficientes para resolver el conflicto, pero pueden bastar para decretar un alto al fuego y poner en circulación estas u otras propuestas, lo cual el presidente Putin puede hacer y con lo cual resaltaría su condición de estadista y prestaría un inestimable servicio a la paz. Entonces, nadie lo impugnaría por haber respondido a un ultimátum. La ocasión la pintan calva. Allá nos vemos.
(Tomado del diario ¡Por esto! )


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