Oficialmente, se puso punto final al control de daños

Foto del catalán José María Bendicho. Período Especial

Manuel Somoza/La Habana

Y pronto designarán a alguien que sustituya a la ministra de marras, sin embargo, el fondo de este asunto seguirá latente. Dirigir a un país asediado y en crisis multidimensional requiere el liderazgo que, al menos yo, no percibo.

¿Qué pensarán hoy los diputados que aceptaron sin chistar los dictámenes prepotentes e insensibles de la ministra? ¿Será esta otra señal de que detrás de la eterna unanimidad se esconden la cobardía y el oportunismo o la ingenuidad? ¿Esa conducta conduce a la unidad que urge y se reclama?

En mayo pasado, Silvio Rodríguez comentó que a fuerza de querer defendernos de un adversario poderoso e implacable “le regalamos la crítica a los enemigos de la Revolución”. ¡ERROR! Y lo cito por considerarlo uno de los pocos pensadores cubanos que dicen y están bien situados en el triste momento que vive la Nación.

Yo no dirijo ni en mi casa, aunque supongo debe ser tremendo encabezar a este país en este momento.

No obstante, quienes están al mando, además de hacer inevitables controles de daños, tienen la obligación de prever, calibrar y hasta rectificar las políticas sin resultados.

El paquetazo de ETCSA en mayo con el desatino de unir en el rechazo a tirios y troyano; el explote de la ministra en julio, con un saldo político similar; y en la Asamblea otro rosario de desgracias y llamamientos reiterados a “crear riquezas”, a “aumentar el ingreso en divisas”, a “pagar cuentas por cobrar”, a “reactivar la empresa estatal socialista”, sin precisar cómo.

Pareciera que quienes mandan observan desde un balcón lo que los cubanos saben y padecen cada día. Obvio que hay que crear riquezas, pero si lo decidido hasta ahora resulta insuficiente, ¿no será momento de hacer las cosas de otra forma, como sugieren muchos economistas y académicos?

Habrá un nuevo ministro u otra ministra, pero lo impostergable es una nueva visión desde la conducción del país.

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