Se refuerza el discurso de desprecio hacia las personas pobres
En el día de hoy la ministra de Trabajo y Seguridad Social Marta Elena Feitó en la antesala del V Período Ordinario de la X Legislatura hizo unas polémicas declaraciones estigmatizando a las personas que hacen trabajos informales para sobrevivir.
Estas palabras, dichas sin respuesta —al menos televisada— en el Parlamento revelan el divorcio entre quienes deberían velar por el trabajo y la seguridad social y la realidad de un país donde la pobreza es cada vez más visible. Su intervención –y el silencio que la rodeó en un Parlamento de diputados militantes de un Partido que se dice Comunista–, no es solo vergonzoso, sino que da medida de la desconexión de varios dirigentes y representantes públicos con la realidad de la ciudadanía.
Feitó describió a quienes limpian parabrisas como gente que «ha buscado un modo de vida fácil» para, supuestamente, gastarse el dinero bebiendo «en la esquina», también llegó a insinuar que quienes piden en la vía pública «están disfrazados de mendigos». Por si fuera poco, hizo un llamado a no bajar la ventanilla para darles dinero pues supuestamente los estaríamos «deformando».
La propia ministra cuestionó la valía del término «deambulantes» para describir a esas personas, sin embargo, evitó hablar de «pobreza» en un país donde la canasta mínima de supervivencia es mayor a los doce mil pesos, y el salario mínimo no rebasa los 2400 pesos.
No es la primera persona en las estructuras estatales que tiene ese discurso; recordemos el texto en el periódico Granma firmado por una magistrada del Tribunal Supremo que proponía una solución punitivista al problema de la mendicidad.
También es cierto que otras diputadas en el mismo espacio, como Arelys Santana Bello, recordaron que «cada día para nuestro pueblo es más difícil acceder a productos y servicios vitales» en un llamado a debatir la ética y la sensibilidad del comercio interno y los sistemas de apoyo comunitario.
Sin embargo, no puede quedar sin respuesta, desde cualquier enfoque progresista, un discurso que criminaliza al pobre como «vago» o «aprovechado», el cual hoy resuena en los mantras de la extrema derecha global bajo la máxima de que el pobre es pobre porque quiere. Repetirlo desde el organismo encargado de la seguridad social resulta incompatible con el proyecto de justicia proclamado por un Estado que se dice socialista.
La gravedad estas expresiones dichas por la titular del ministerio que justamente debería estar encargado de reducir los efectos de la pobreza y la desigualdad no recae solo en Feitó; habla de la política de cuadros de un sistema que coloca a personas incapaces de comprender la complejidad económica y social en puestos clave. Cuando declaraciones tan lesivas no cuestan un cargo, el mensaje es que la insensibilidad en los altos directivos se tolera, o incluso se premia.
En el texto «Cómo comunicar la pobreza» Mariana Camejo advertía «que criminalizar la pobreza, más allá de que no resuelva nada realmente, implicaría que quienes mendigan o los familiares, son culpables de su mendicidad. Y entonces estaríamos desplazando la responsabilidad de quienes pudieran pensar, hacer y accionar de modos concretos para aliviar las condiciones que hoy hacen a alguien vulnerable».
Entonces, pedir «no bajar la ventanilla» porque se «deforma» al mendigo equivale a condenarlo a la invisibilidad, pero también es una metáfora de la actitud que han tomado varios directivos ante los problemas urgentes del país.
Las ventanillas que urge abrir son las de la política pública: reconocer la multidimensionalidad de la pobreza, diseñar protección real para quienes reciclan, limpian o revenden para sobrevivir y garantizar salarios y pensiones dignos. Todo lo demás –criminalización, eufemismos, paternalismo– solo prolonga el problema y nos aleja de la solución.
Recomendamos la relectura del texto al calor del debate de qué debemos hacer como país para solucionar el empobrecimiento de las personas en medio de la crisis multidimensional que hoy atravesamos. En momentos próximos estaremos analizando con mayor profundidad este tema.
(Tomado de La Joven Cuba)


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