Manuel Somoza/La Habana
Sí, aunque Cuba vive asediada por el emperador del Norte y se quedan cortas las respuestas del gobierno nacional, los cubanos libran cada día sus batallas: contra los apagones sostenidos, la carencia de casi todo, la omnipresencia de la burocracia, las enfermedades que acechan y el desánimo que aumenta.
Son demasiadas las peleas cotidianas que se pierden, pero las que se ganan valen lo perdido y por eso exalto el enfrentamiento de mi hermano Aurelio Pedroso y de la medicina cubana a ese cangrejo que asusta hasta a quienes se consideran intocables.
La intervención a doble cuchilla fue exitosa, ahora en recuperación, es decir, la pelea todavía no concluye.
Es muy mal momento enfermarse hoy en este país. No obstante, la vida siempre se empeña en sorprender y entonces hay que responden con lo mucho o poco que se tenga a mano.
Sobreviviente a dos guerras lejanas que no le restaron fuerza a su culto, afilado y constante sentido del humor, Aurelio es uno de los cronistas más chispeantes de la convulsa época que nos ha tocado vivir.
De esos que nunca han creído en que la propaganda puede ocultar verdades, aunque él cuente entre los comprometidos con mantener prendido El Moro; de esos a los que les duele la desidia y no silencian lo que hay que decir.
Y si se está ganando esta pelea sin trascendencia nacional, pero vital para un puñado de cubanas y cubanos dentro y fuera del país, fue también por obra de la medicina de campaña que se practica en la isla cuando corren tiempos de guerra.
Médicos que actúan sin los recursos más elementales, con una carencia tal que paralizaría a cualquier eminencia de aquellos lugares donde sobran los recursos.
Sí, de momento, GANÓ el irrepetible cronista de las buenas, las malas y las peores.


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