La bahía de La Habana resiste y muestra frágiles mejoras en los indicadores esenciales para medir la contaminación.Foto: Jorge Luis Baños/ IPS
De mejorar su estado, el frente costero puede acoger actividades de recreación vinculadas a la ecología urbana y la educación ambiental.
IPS/La Habana
Querida y necesaria, pero maltratada por vertimientos de industrias, aguas contaminadas de los ríos que fluyen hacia ella y conexiones ilegales a las redes pluviales, la bahía de La Habana resiste y muestra frágiles mejoras en los indicadores esenciales para medir la contaminación.
La bahía habanera tiene un área total de 520 hectáreas y un perímetro de 18,9 km. Su profundidad promedio de 9,0 metros y el volumen del agua es de 47 000 000 de metros cúbicos. El intercambio del agua es de 8-9 días y cuenta con tres ensenadas: Atarés, Guasabacoa y Marimelena.
Reportes de prensa indican que uno de los indicadores ambientales más importantes, que permite identificar si hay mejoría o no, el oxígeno disuelto -cantidad de oxígeno necesaria para la descomposición biológica aeróbica (mediante microorganismos) de la materia orgánica biodegradable-, ha aumentado en toda la columna de agua de la bahía, con excepción de la ensenada de Atarés.

Especialistas indican que la transparencia, otro parámetro que debe tenerse en cuenta al analizar un cuerpo de agua, dada la importancia de la entrada de la luz solar, no ha mejorado.
De acuerdo con medios locales, la transparencia del agua no mejora debido a que la película de sustancias oleosas, grasas y aceites minerales y vegetales, se mantiene en nivel similar que en etapas anteriores.
La situación económica del país, que provoca un declive productivo, ha conllevado a que la contaminación proveniente de las industrias ubicadas en la cuenca se reduzca, sin embargo, se mantiene la urbana, por las conexiones ilegales del sector residencial que vierten a los drenajes pluviales y, de ahí, a los ríos, y la indisciplina social.
Expertos sostienen que, desde el punto de vista cualitativo, los niveles de contaminación bacteriológica y fecal de la bahía superan los valores permitidos por las normas cubanas que regulan el estado de las aguas recreacionales o de contacto directo e indirecto.
La recuperación de la bahía, desde el dragado de sus sedimentos contaminantes hasta la reconversión de uso portuario a recreativo-turístico, demandará que la voluntad política se acompañe de recursos para hacer realidad un sueño y proyecto de muchas personas.
Durante esa centuria, las aguas de la rada se comenzaron a utilizar para el enfriamiento de procesos tecnológicos. Como resultado, a la contaminación orgánica y química, se añadió la térmica y por metales pesados provenientes de las termoeléctricas.
El gobierno que llegó al poder en 1959 heredó una bahía contaminada, producto del mal manejo del medio ambiente, zonas muy deterioradas desde el punto de vista ambiental y sociocultural, lo que llevó a la eliminación de los barrios de mayor insalubridad en el entorno cercano y de algunos servicios y comercios.
El incremento de la población, sin una adecuada infraestructura sanitaria para la evacuación, tratamiento y disposición final de los residuales, el aumento de la producción de industrias con obsolescencia tecnológica y sus vertidos, incrementaron la carga contaminante al medio, con incidencia en el deterioro de la calidad de aguas y sedimentos, por contaminación orgánica y bacteriológica.

Un grupo de estudiantes de secundaria básica realizan recogida de residuos sólidos en áreas del malecón habanero, muy cerca de la bahía. El aumento de la población y de la producción de industrias con obsolescencia tecnológica y sus vertidos, incrementaron la carga contaminante al medio. (Foto: Archivo IPS Cuba)
Tener un plan
Existe un Plan de Ordenamiento Urbano para la bahía que pauta la conceptualización y premisas territoriales, los modelos de desarrollo, los objetivos, determinaciones y acciones para ser materializados, partiendo del diagnóstico de toda el área y que abarca la bahía, la infraestructura portuaria y el espacio urbano que interactúa con ellas.
A su vez, el Plan Maestro de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana elaboró un Plan Perspectivo de Desarrollo de la Bahía de La Habana, publicado en 2021, que hace un exhaustivo análisis de la rada habanera, desde las dimensiones institucional, cultural, social, económica, medioambiental, físico-espacial.
El plan tuvo en cuenta las premisas de la Red de Ciudades Portuarias, entre estas, adaptación al cambio climático, transición energética y economía circular, movilidad sostenible, gobernanza renovada, inversión en capital humano, cultura portuaria e identidad, interfaz puerto-ciudad, salud y calidad de vida y protección de biodiversidad. (2025)
(Tomado de IPS/Cuba)


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