Soñar en inglés

Manuel Juan Somoza/La Habana

Rosa María Payá pareció sincera al agradecer su nueva promoción.

«Gracias a los EEUU por la audacia de una candidatura tan extraordinaria como la mía y por su invaluable apoyo durante toda la campaña», dijo en público la joven mujer (36 años)y de inmediato me llevó al momento en que conocí a su padre y a ella.

Me correspondió seguir a Oswaldo Payá (1952-2012) en su quehacer como disidente, opositor, contrarrevolucionario, o como usted prefiera calificarlo.

Cubrí para la AFP y MILENIO hasta los intercambios en la residencia de los embajadores de EU en Cuba, las fiestas por el 4 de Julio y las conferencias on line dirigidas a explicar desde Washington cómo debería ser organizada Cuba cuando cayera Fidel Castro.
Y en los funerales de Payá supe de su hija, Rosa María, quien a partir de ese momento se abrió camino politizando la muerte del padre en accidente de tránsito, mientras se movía entre La Habana y Miami, hasta que finalmente se radicó en la llamada “capital del exilio”.

Lo inevitable

Quizá por ese bendito trabajo reporteril, que permite conocer y profundizar en acontecimientos que después algunos venden al mundo como absolutas verdades tiernas o tremebundas, no me sorprendió que el gobierno de Donald Trump la propusiera como su representante en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de esa entelequia que llaman Organización de Estados Americanos (OEA), en la que los estadounidenses mandan.
Obviamente, fue un reconocimiento al mérito y es sabido lo que se puede esperar de su gestión. En la OEA, Rosa María, y en La Habana, Mike Hammer, Encargado de Negocios de EU, también recién nombrado “Embajador del Exilio en Cuba”.
Ambas designaciones pueden interpretarse como otro anticipo de lo que le espera a la isla, si los múltiples agobios que padece no son resueltos desde sus entrañas. En la geopolítica moderna, incluso, no hay espacio para otro Estado Libre Asociado.

Soñar de otra manera
He aprendido a respetar a quienes piensan distinto, incluidos los trumpistas y los isleños que sueñan en inglés. Nunca a asesinos como Posada Carriles, por quien siento desprecio eterno.
No obstante, si llegara la hora – y puede ocurrir- de imponer en Cuba la democracia que proclaman Trump, Marco Rubio, Rosa María y Hammer -aquella en la que siempre picó el pastel la embajada de EU hasta 1958- a quienes todavía creen en la independencia y en la soberanía de Cuba, les quedarán pocas verdades:

Aferrarse mucho más a las ideas de José Martí, recomenzar con fuerza y que salga el sol por donde quiera o pueda salir.

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