Manuel Juan Somoza/La Habana
Tras otra descorazonadora madrugada de apagón, calor y mosquitos, José Antonio partió en busca de la gasolina racionada que la correspondía ese día y a la altura de la calle 42 y la 3ra avenida, oeste de la ciudad, se cruzó con un auto convertible de los años 50, ataviado con múltiples globos de colores. El chofer tocaba y tocaba el claxon para atraer las miradas hacia una joven mulata que, vestida de gala como reina de carnaval anticipado, saludaba y sonría desde lo más alto del asiento trasero, al tiempo que quienes caminaban o se movían motorizados la aplaudían, o le devolvían los saludos y las risas, al igual que si corriera un día de felicidad absoluta, sin apagones, calores y mosquitos.
Era otra jornada de agobio nacional, de algunas provincias se reportaban cortes de electricidad de hasta 18 horas, y José Antonio aceleró el viejo Peugeot para llegar a la casa antes del apagón de las 11 de la mañana, por oficio debía leer informes y reportes, y entre ellos le llamaron la atención dos enfoques
“La familia socialista”
El primer punto de vista era de un creador digital para quien la policrisis que padece el país es en realidad una especie de perestroika a la cubana, por lo que nada espera del pleno del Comité Central del Partido Comunista previsto para julio próximo. Se perdió la oportunidad de cambiar para bien cuando ocurrieron “la apertura de Obama (deshielo entre Cuba y EU 2014-2017) y la elección de Díaz-Canel”, consideraba.
“El primero (el deshielo), se enfrentó con tácticas y políticas fuera de contexto, con atrincheramientos absurdos y recelos de la facción más conservadora del poder: en otras palabras, se apendejaron y no supieron aprovechar las pocas ventajas que ofrecía. El segundo momento (elección presidencial de Miguel Díaz-Canel) era ideal para lograr una legitimación popular del nuevo líder, que aun cuando había sido seleccionado, necesitaba esa legitimación con la cual contaban Fidel y Raúl (Castro), pero de la que él carecía y carece ahora. El pueblo habló y pidió que la elección de los cargos fuera por voto popular y se le negó. Aquellas aguas trajeron estos lodos”, puntualizó.
El segundo punto de vista llegó a la firma de un reconocido sociólogo que sacó al ruedo un término novedoso: “la familia socialista, en toda su diversidad”, en el que agrupó a las cubanas, cubanos y entidades oficiales (Federación Estudiantil Universitaria y Asociación Hermanos Saíz, entre otras), que sin dejar de abogar por el rumbo socialista de la isla, se sumaron a la protesta generada por el paquetazo del consorcio de telecomunicaciones, ETECSA; disparate político que tuvo el “mérito” de unir en el rechazo a partidarios y contrarios de la revolución, por primera vez en 60 años, al menos que yo recuerde.
“Ni la más puta idea”
Llegó finalmente la noche, y todavía con luz, José Antonio recibió en su casa a una ingeniera mexicana de origen cubano de visita en La Habana por razones familiares. Y parte del intercambio, revelador por su esencia y certeza, lo resumió así: “Sí, esto está muy, muy duro; más duro que la otra vez que vine, la gente no deja de hablarme de la violencia y el hambre que corren por el país, pero te diré algo, a mí me parece que aquí no se tiene ni la más puta idea de lo que es hambre y violencia de verdad”.
Así cerró él otra jornada de este junio hirviente, cuando además conoció de manera oficial que su barrio tenía el privilegio diabólico de estar incluido en el bloque (para distribución programada de apagones) más numeroso de la ciudad y al que más se le interrumpía el servicio eléctrico por déficit de generación y combustible, sin que se previera mejoría alguna “antes del 20 de julio próximo”.


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