Tela de araña


Jorge Gómez Barata/La Habana
La operación Tela de Araña, realizada por Ucrania contra cinco bases de la aviación estratégica rusa mediante la cual dio de baja unos 41 aparatos, combinó una sofisticada labor de inteligencia, no sólo para ubicar las coordenadas de las instalaciones, sino la posición de las naves seleccionadas como blancos y una elaborada aviónica para el manejo de drones que debe haber incluido elementos de inteligencia artificial.
Según se conoce cinco camiones portadrones, con cubiertas retráctiles para permitir la salida en vuelo vertical de los aparatitos y la electrónica necesaria para elevarse, orientarse y llegar hasta los blancos con una precisión milimétrica pues, no se trataba de atacar las bases, sino de impactar algunos aviones previamente seleccionados.      
Según se cree los drones no fueron manejados por control remoto como ha sido usual, sino que deben haber estado dotados de softwares que una vez cargados con las coordenadas y otros datos para el vuelo y la acción balística, actuaron de modo autónomo, probablemente cortas distancia y con total impunidad destruyeron los blancos.  
No obstante, la operación ucraniana es sólo una más que, tampoco será la última. Les cuento.
Una vez decidido construir las bombas atómicas, entre decenas de otras acciones secretas, se decidió construir el Laboratorio Nacional de Los Álamos (LANL), Nuevo México donde se trabajó arduamente para construir las tres primeras bombas atómicas y realizar la primera prueba. Allí, en medio de la nada, comenzó la era nuclear.  
De Los Álamos, los artefactos se transportaron (desarmados) hasta el puerto de San Francisco donde fueron embarcados en el acorazado USS Indianápolis que las llevó hasta la isla Tinian en el archipiélago de las Marianas, se construyó una pista y se basificaron unos cinco aviones B-29 adaptados para ese fin y cuyas tripulaciones se entrenaron en diversos escenarios, incluyendo Cuba.  
Las únicas filtraciones acerca de aquel singular evento se produjeron debido a que el espionaje soviético logró infiltrar más de una docena de espías en el proyecto Manhattan. No obstante, debido a que entonces Estados Unidos y la URSS eran aliados, la KGB no realizó ninguna acción para sabotear aquella ultra secreta empresa.      
 Otra gran empresa secreta fue realizada en 1962  por la Unión Soviética y Cuba  para la exportación a la isla de lo que pudo ser el más  formidable emplazamiento nuclear fuera del territorio de las  superpotencias.
Todo comenzó cuando a principios de 1962 Nikita Jrushchov concibió la idea de instalar en la Isla misiles nucleares de alcance medio con el doble propósito de fortalecer las defensas de Cuba y mejorar sensiblemente la correlación nuclear con Estados Unidos  
En una operación relámpago, entre julio y octubre de 1962, se consumó la operación mediante la cual fueron trasladados a Cuba unos 40 misiles de alcance intermedio con las correspondientes ojivas, así como seis bombas atómicas, los bombarderos para utilizarlas, y la infraestructura necesaria para operar aquella formidable dotación complementada por decenas de proyectiles tácticos y el despliegue de unos 50.000 efectivos, dotados de artillería, blindados y aviación.
Todo ello fue realizado a velocidad supersónica, a unos 10.000 kilómetros de distancia y en secreto.
Para realizar aquella operación en la Unión Soviética se emplearon  cientos de trenes para concentrar el armamento y el personal en puertos del Báltico y el Mar Negro, embarcarlos en unos 100 buques mercantes que navegaron por rutas comerciales y atravesaron mares y océanos, incluyendo los estrechos de Bósforo y Gibraltar sin ser descubiertos.
No obstante, el 14 de octubre un avión U-2 estadounidense, en vuelo de rutina, fotografió los emplazamientos para misiles nucleares balísticos de alcance medio. El presidente Kennedy se dirigió al país y  exigió la retirada de aquellas armas que calificó de ofensivas, y ordenó el bloqueo naval con la exigencia de que cesaran los envíos y las armas atómicas que se encontraban en la Isla fueran regresadas a la Unión Soviética.
Al cabo de 13 días, después de intensas negociaciones diplomáticas, el 28 de octubre la crisis fue desactivada.  
Una operación armada terrorista, secreta, precisa y extremadamente letal, fue el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York que no fue realizado por un estado, sino por Al-Qaeda una organización terrorista de matriz islámica.  
La operación que contó con unos 20 ejecutores materiales que se infiltraron en territorio de los Estados Unidos donde, en instituciones públicas se entrenaron en el manejo de aviones. El día “D” los terroristas, en concurridos aeropuertos, en calidad de pasajeros secuestraron varios aviones, tres de los cuales fueron utilizados como misiles para estrellarlos contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
La Operación Tela de Araña realizada hace apenas una semana, no fue un hecho aislado, sino parte de una guerra entre una superpotencia militar y un país europeo que, probablemente en su condición de región ex nuclear que, en la época soviética albergó, entre otros, 130 misiles intercontinentales, miles de ojivas, 33 bombarderos pesados, Ucrania tenga conocimientos de las ubicaciones de algunas instalaciones y emplazamientos de Rusia.
Lo mismo ocurre en Rusia respecto a Ucrania. Como se dice: “Lo que es igual no es ventaja”. La réplica rusa no se ha demorado, aunque más destructiva, es mediáticamente menos rentable. Allá nos vemos.


(Tomado del diario ¡Por esto!)

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