LA PROTESTA DE LOS ESTUDIANTES

Carlos Jesús Delgado Díaz /La Habana

Varios amigos de Cuba y otros países me preguntan qué está ocurriendo, qué es cierto y qué es falso con respecto a las protestas de los estudiantes universitarios. No tengo todos los detalles, ni soy portador de verdades absolutas. Solo puedo compartir los pensamientos y valoraciones que motivan en mí, profesor titular de la Universidad de La Habana, lo que conozco de los acontecimientos actuales.

Respondo públicamente y de una vez a todos a través de Facebook, porque seguramente también habrá otras personas a quienes interese conocer sobre este asunto, que adelanto, no es una protesta cualquiera.

La protesta no es resultado de una manipulación. Cuando alguien protesta en Cuba de inmediato los enemigos de la revolución comienzan su campaña de falsedades y mentiras. Es su tarea. En este caso sobran las noticias falsas, las declaraciones falsas, la transformación de fotos de eventos científicos en supuestos mítines. Inmediatamente también se levanta el fantasma de la sospecha: ¿será una estrategia de lobos disfrazados de corderos? Hay muchas evidencias de noticias falsas que circulan en las redes, pero no tengo ninguna evidencia de estudiantes haciendo causa contrarrevolucionaria.

La protesta es auténtica. Si llegas a la Universidad de La Habana todo está tranquilo, los vehículos parqueados, los estudiantes y docentes en grupos que conversan, como cada día. No faltan risas y bromas. Todo en calma porque los estudiantes no han caído en violencias o aspavientos. Pero la Universidad está en ebullición, desde abajo y desde adentro, con fuerza propia y motivos justos. La protesta no es unánime ni todos piensan lo mismo, se forman consensos, algunos no participan, otros quieren más, es difícil hablar de mayorías o acuerdos definitivos. Los estudiantes, los docentes y las autoridades se reúnen y juntos intercambian, debaten, hay mucha razón y emoción en los intercambios. El diálogo vivo canaliza las energías, pero se está estancando y eso podría cambiar la paz actual.

El tarifazo de ETECSA motivó las primeras chispas. Quizás ocurrió ahora porque hay un acumulado de agotamiento colectivo tras meses y años casi sin transporte público, la creciente carestía de la vida, las carencias y elevados precios que tienen los alimentos y las medicinas cuando se consiguen, la falta de efectivo en los cajeros y los bancos, el fracaso evidente de la política de ordenamiento que caotizó casi todo, los apagones… la falta de crítica y rectificación de los errores que cometen las autoridades, la migración, en fin la policrisis en que vivimos. En lo espiritual esa policrisis se manifiesta en las personas como fatalismo, desesperanza y apatía, como pensamiento de que no hay salidas a la crisis por el camino que vamos. Pero los estudiantes no piensan así, tienen un futuro por delante y quieren construirlo, no pueden esperar, su tiempo es ahora. Por esa, y quizás otras muchas razones el tarifazo de ETECSA vino a ser la cereza encima del pastel amargo de los últimos tiempos. Los estudiantes tienen preguntas, tienen ideas, sueños, deseos y no pueden esperar a mañana porque el riesgo es demasiado grande. Su futuro es hoy.

La protesta es una invitación llena de esperanza. No se alimenta de resentimiento o desesperanza, al contrario, es la expresión de una juventud que vive en Cuba, estudia y se forma profesionalmente y quiere contribuir a que se encuentren soluciones con ellos, participando, dialogando y contribuyendo a superar la pasividad, el conformismo, la obediencia ciega. La protesta nace de la convicción de que la solución que ETECSA y el gobierno consideran inevitable y justificada no es la única solución posible, hay otras mejores, con menos costos sociales que se pueden buscar, y si no existen habrá que inventarlas. Piensan en alternativas, en construir, en hacerlo mejor entre todos.

La protesta es política. La protesta de los estudiantes no busca prebendas para el sector estudiantil, los estudiantes piensan en el país, su presente y su futuro, buscan la justicia social y quieren contribuir a que se alcance. Es una protesta política, porque ETECSA no se manda sola, es una empresa monopólica estatal, no toma decisiones trascendentales como el tarifazo sin que estén involucradas las máximas autoridades del gobierno.

La protesta no es arrogante, pero no suplica ni ruega, reclama derechos. Los estudiantes de diversas formas han manifestado no estar de acuerdo con las respuestas que han recibido de las autoridades. Consideran las explicaciones insuficientes y han rechazado la oferta de la empresa para aumentarle al sector estudiantil la oferta de datos. Piden dialogar con el presidente y el primer ministro como máximas autoridades del Estado, y discuten si convocarán a un paro estudiantil si esto no se produce.

Las autoridades podrían valorar estas posturas de dos maneras contrapuestas, lo que a su vez provocaría consecuencias muy diferentes:

Si las consideran un chantaje intransigente y arrogante rechazarán ese tipo de diálogo y abrirán las puertas a una escalada y la posible degeneración del conflicto por radicalización o cansancio.

Si las consideran la presión de un actor político válido para dialogar con las autoridades que respetan y consideran tienen real poder de decisión y acción, ese diálogo puede ser histórico y tener como resultado un ejercicio innovador de democracia participativa directa en Cuba.

Al día de hoy no puedo decir cuál de esas dos alternativas extremas o una tercera se realizará. Solo puedo asegurar que la comunicación política que se necesita no lleva el maquillaje de la televisión y los cortes de edición. Debería tener lugar de forma viva allí donde la protesta tiene lugar: en la universidad cubana.

La protesta y los maestros. Las declaraciones conjuntas de estudiantes y docentes han sorprendido a muchos, pero son en realidad una muestra de la profunda alianza que desde siempre hace de la universidad un puente entre el pasado, el presente y el futuro. Los profesores universitarios tenemos la doble misión de formar profesionales y ciudadanos capaces de ejercer el pensamiento crítico. Nos debemos a la Universidad y los estudiantes, pues sin ellos no hay universidad ni enseñanza. Es nuestro compromiso y debe ser ineludible enseñar, acompañar a los estudiantes, dialogar con ellos y cuidarlos. No son nuestros hijos y ya son adultos, pero están a nuestro cuidado.

Estamos y estaremos en el aula impartiendo docencia y acompañando a nuestros estudiantes en sus luchas.

(Tomado del Facebook del autor)

Deja un comentario