Manuel Juan Somoza/La Habana
Me recordaba a Orestes, quizás el único jefe y compañero que me queda de aquella distante, convulsa, bella e irrepetible década de los 60, las constantes protestas de los sindicatos.
Frente al Palacio Presidencial de La Habana se reclamaban casi a diario aumentos de salarios y se exigían otras mejoras laborales, hasta que Fidel bajó a la calle, dialogó con los protestantes y les dijo en esencia: “No nos dejen trabajar, confíen en la Revolución”.
Y se acabaron las manifestaciones de ese tipo, no solo por el liderazgo de Fidel, “sino porque cada mañana, al despertar, conocíamos la noticia de una nueva medida que favorecía a la mayoría de los cubanos”, recordó Orestes.
Hoy, después del apagón nocturno -programado o no-, cada mañana nos levantamos preguntándonos: ¿Cuál será la nueva jodedera?
Claro que en 1959 la revolución estaba a la ofensiva, había liderazgo y se confiaba en él. En 2025 ocurre exactamente lo contrario y, al parecer, quienes dirigen todavía no se han enterado, o interpretan de otra forma el latir en las calles y los campos, o creen infalibles sus tácticas y estrategias.
A esta altura de la vida, el futuro se me descubre oscuro. Ohh, el paquetazo de ETECSA, la conmoción que pudo ser evitada, si la gente contara siempre de verdad y no fuera otra consigna, y la mesa una vez más servida a los contrarios.
Pronto cumpliré 80 años y obviamente no puedo garantizar que llegaré a ver el desenlace de la policrisis que nos ahoga. No obstante, escribo lo que pienso –“no todo”, como diría Leonardo Padura-, con la intención de compartir convicciones, ilusiones y deseos entre amigos y desconocidos.

Lo hago por esa necesidad de comunicar surgida de medio siglo de ejercicio del periodismo y, quién sabe, a lo mejor hasta alguien me convenza de que estoy equivocado, apelando a hechos buenos que trasciendan lo puntual, no empleando la corrosiva retórica de panfleto, y vea de otra manera lo mucho o poco que me queda en esta aldea.
Mientras tanto, seguiré dándole a la lata, con la brújula de las vivencias que atesoro desde la trascendente década de los 60.


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