El tiempo avanza y Cuba para peor

Carlos Batista /Barcelona

Transitando el quinto mes de 2025, las esperanzas de mejoría se esfuman. Las cifras oficiales indican que todo va para peor en Cuba, no solo la economía, sino también los servicios de salud, incluyendo la disponibilidad de medicamentos y alimentos.

El gobierno culpa al bloqueo y al apretón de la nueva administración de Donald Trump, mientras que la oposición señala la mala gestión del gobierno. La situación social se tensa y reina el desaliento, el cansancio, la desidia, en tanto que  la droga llamada “el químico” gana nuevos adeptos, pese a la persecución oficial.

El esperado repunte de la economía no solo no llega, sino que casi todas las principales actividades marcan declive: la producción azucarera, el turismo, producción de alimentos, el níquel, la producción energía eléctrica , mientras Estados Unidos arremete contra la exportación de servicios médicos, buscando dar el tiro de gracia.

La reciente renovación de alianzas con Rusia y China puede ayudar a paliar la situación, pero no la cambiará, dicen los expertos. El problema fundamental está en casa.

Cuatro conocidos y prestigiosos economistas, dos residentes en Cuba y dos en el exterior, han expuesto su opinión en sendos artículos publicados en las páginas de este blog, durante el mes de mayo.

De esos trabajos, hemos extraídos las ideas más significativas que ilustran la situación actual y esbozan posibles soluciones que coincidentemente, pasan por el agotamiento del modelo actual y la necesidad urgente de reformas.

Para el profesor Juan Triana, “estos primeros cuatro meses confirman, además, que lo que se ha hecho aún está lejos de lo que hace falta hacer. Nos hemos llenado de medidas y normas, de leyes y decretos leyes, de resoluciones ministeriales, de circulares, de orientaciones…”

Deseamos que la economía se recupere- añade- “pero hacemos casi todo lo necesario para que una parte de esa economía, la que más o menos tiene alguna dinámica, la pierda, mientras seguimos posponiendo ad infinitum aquello que nos ayudaría a revertir de a poco la multicrisis que nuestro país enfrenta”.

“Cuba necesita de todos, cubanos y extranjeros con ganas de hacer y recursos para hacerlo. Nuestras normas deberían ayudar en ese propósito, deberían ser como los zapatos, suficientemente ajustados al pie que los calza, para que permitan andar ligero, pero no tanto que dañe ni tan holgado que entorpezca el paso”.

El doctor Ricardo Torres asegura que ”lo que enfrentamos no es simplemente una recesión prolongada o una acumulación de dificultades coyunturales, sino el agotamiento de un modelo de desarrollo que nunca logró consolidarse plenamente”.

Añade que “un repaso riguroso de los análisis de economistas reconocidos indica que el diagnóstico ha evolucionado hacia un consenso más amplio: la actual crisis es, probablemente, la más grave desde 1959. Esta evaluación se sustenta en múltiples dimensiones, como la contracción sostenida de la producción, el colapso parcial de los servicios públicos, el deterioro del poder adquisitivo de los salarios, el aumento de la informalidad y un repunte de la desigualdad”.

“En este sentido, resulta reduccionista atribuir la situación únicamente a factores externos, en particular a las sanciones estadounidenses, aunque estas sin dudas han exacerbado las vulnerabilidades internas. Ignorar la responsabilidad de la política económica interna —marcada por la inercia reformista, el control estatal sobre la actividad productiva y la limitada apertura al sector privado—, impide una comprensión integral del problema y limita la capacidad de formular respuestas eficaces”.

Por su parte, Pavel Vidal asegura que “los datos más recientes reafirman la continuidad del período de colapso económico que comienza en 2020, pero que se remonta a un deterioro macroeconómico que abarca ya diez años”

En un dramático llamado, Joaquín Benavides, quien ocupóimportantes y diversas responsabilidadesbajo el mandato de  Fidel Castro, señala que el cambio ” no es posible retrasarlo más, pues el costo pudiera ser, que al no lograr remontar la crisis en la producción y en la productividad del trabajo, pongamos en peligro a la propia Revolución y la posibilidad de construir el socialismo en nuestra Patria”. 

“Será necesario que entendamos que el modelo actual de construcción socialista no funciona”, concluye. 

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