Crónica de una transición hacia lo desconocido

Manuel Juan Somoza/La Habana

Cifras oficiales, evaluaciones de economistas y sociólogos, así como el desgarrador día a día en cada barrio apuntan a que Cuba vive un contradictorio proceso de transición hacia lo desconocido.

De esa manera, quizás, pudiera explicarse que se levante otro comercio privado para la venta de alimentos al oeste de La Habana, a menos de 50 metros de una tienda estatal con igual finalidad, casi vacía y destinada desde la anterior crisis de los 90 a recaudar divisas fuertes.

O que el miembro de una cooperativa no agropecuaria ingrese a su bolsillo 30 mil pesos SEMANALES, al tiempo que un médico especialista con 40 años de experiencia y un máster incluido gane 13 mil pesos al MES, mientras el salario medio en el todavía mayoritario sector estatal ronda los seis mil pesos y son demasiados los jubilados que sobreviven con pensiones de mil 600 pesos.

¿Reforma a lo vietnamita?

Hace muy poco, el doctor en Ciencias Económicas, Omar Everleny, detalló en este blog (mayo 1, 2025) los pasos dados por el liderazgo de Vietnam para modernizar su economía luego de la costosa guerra con EU y de comprender la inutilidad de los planes tradicionales, llevando al país indochino a transformarse en potencia económica sin renunciar al socialismo.

Y pensando en lo relatado por Everleny considero que aquí puede estarse intentando algo parecido, pero al revés de los asiáticos.

Sólo así pudiera entenderse el LARGO TIEMPO PERDIDO en modernizar y ampliar el sistema electro-energético nacional -base de cualquier sociedad- y las trabas que se siguen arrastrando en la producción agropecuaria, que debería ser PRIORIDAD ABSOLUTA en cualquier país en honda crisis como este.

Causas y perspectivas

Ese andar errático puede tener un montón de causas: la guerra silenciosa de Estados Unidos llevada a niveles nunca antes vistos; lo difícil que puede resultar hacer en esas condiciones los cambios estructurales que urgen; el temor de los que mandan en la isla a perder güiro, calabaza y miel; o todo lo anterior junto como en un coctel indigesto.

No es exageración, Cuba ha devenido escenario de guerra, en el que ya resultan hasta demasiado sospechosos los incendios reiterados y los descarrilamientos de trenes.

Y en tales circunstancias, al menos yo me aferro a la certeza histórica de que la Nación ha sido capaz de sobrepasar todas las crisis anteriores, solo que en esta ocasión resulta fundamental preguntarme: ¿para el bien de quiénes?.

Los dirigentes cubanos aseguran que los cambios de “lo que debe ser cambiado” es en busca de un “socialismo próspero y sostenible”; los del Norte calculan que el regreso triunfal “está al doblar la esquina”; y los llamados emprendedores surgidos al amparo de las reformas en curso buscan en el sector de servicios -no en el productivo- hacer mucho dinero a la mayor velocidad posible.

En tanto, la gente de a pie sobrevive como en un torbellino de proporciones majestuosas. Alegre cuando el hijo emigrado le envía un paquete de alimentos o aseo; o por el servicio eléctrico que no falló esa mañana; o por la feria que ese fin de semana comercializó 30 huevos en mil 900 pesos -cuesta mil pesos más en el mercado privado-; aunque al llegar la noche inevitablemente vuelva a preguntarse: ¿Y mañana, qué?

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