Paz o guerra. ¿Cuál será el signo del siglo XXI?


                                                                      Jorge Gómez Barata/La Habana
En el siglo XX, con el fin de los últimos imperios: otomano, ruso y austro húngaro y la descolonización afroasiática, después de la II Guerra Mundial la opresión nacional se redujo considerablemente y, con la disolución de la ex Unión Soviética y la ex Yugoslavia, unas 20 entidades nacionales europeas y centroasiáticas alcanzaron la independencia.
Sin esclavitud ni colonias, sin pueblos oprimidos por países extranjeros y sin guerras entre las potencias, la humanidad se adentró en el siglo XXI. A tales bienhechurías se sumaron el fin de la Guerra Fría, el inicio de una genuina distensión nuclear y la integración económica, comercial y cultural que supone la globalización. Fueron avances civilizatorios trascendentales.    
Aunque decenas de pueblos y nacionalidades avanzaron largos trechos, ello no significó la total emancipación debido a la opresión social y el sometimiento político interno a cargo de las clases dominantes, oligarquías, anacrónicos regímenes y algunas camarillas, remanentes del terrorismo que aún impiden el establecimiento de rangos razonables de paz y justicia social.
En un momento de profunda confusión, Rusia realizó una maniobra  política de alta escuela al declararse heredera de la Unión Soviética, cosa que sin oposición fue acatada, no sólo por las otras repúblicas que formaban la URSS y que emergieron como estados independientes, sino también por occidente que no puso reparos. Con todos los derechos, Rusia asumió el escaño de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, lo cual le permitió ejercer el veto en importantes decisiones.
El legado de la URSS incluyó la poderosa economía y el poderío militar, incluido el arsenal nuclear y todas las infraestructuras (flotas marítimas, bases aéreas, instalaciones coheteriles, fábricas militares y otros objetivos dislocados en el inmenso país que fue la URSS y que hicieron de Rusia una superpotencia militar.
Entre los ejemplos más notables de aquel relampagueante proceso estuvo la entrega a Rusia por parte de Ucrania, Bielorrusia, Kazajstán y otros estados de las ojivas nucleares, los misiles y la aviación estratégica que, en brevísimos plazos, con el apoyo material y financiero de los Estados Unidos fue trasladado a Rusia. Un hecho notable fue la partición y entrega por Ucrania de la poderosa Flota del Mar Negro.
El reajuste geopolítico un proceso que involucró a unos 40 estados, no menos de medio millón de personas y a poderosas organizaciones sociales y políticas, dio lugar a eventos de la trascendencia de la reunificación de Alemania, sin necesidad de que interviniera la ONU ni ningún mediador, se realizó en santa paz, perturbada sólo por algunos problemas étnicos que fueron solucionados o atenuados.  
Entre tanto en Asia se realizaba el impresionante desarrollo de China, Japón, Corea del Sur, Indonesia y otros estados algunos convertido en potencias emergentes. Entre tanto, en Europa se consolidaba la Unión Europa. El clima en el cual Estados Unidos compartía los ambientes internacionales, fue propicio para el auge de la globalización.
Parecía que al fin la humanidad había alcanzado la mayoría de edad civilizatoria y había aprendido las lecciones de la historia.
El panorama en general positivo fue turbado por la guerra en Ucrania que, inicialmente se anunció como una operación militar limitada y efectivamente parecía cosa de poco tiempo y costos reducidos, incluso rápidamente las partes, Rusia y Ucrania comenzaron en Turkiye negociaciones para el fin de las hostilidades.
Aquellos esfuerzos fueron abortados y la operación militar limitada, devino una guerra grande que ha involucrado a toda Europa y a los Estados Unidos, unos 40 países, entre ellos, cuatro de las cinco potencias integrantes del Consejo de Seguridad de la ONU que cuentan con armas nucleares.
A pesar de las dimensiones del conflicto, los esfuerzos para cesar la guerra fueron mínimos. Hasta la llegada al poder del presidente Trump, Estados Unidos no hizo ninguno, tampoco lo han hecho los países europeos, la ONU ha sido anulada y los protagonistas, Rusia y Ucrania han tratado de solucionar el asunto en los campos de batalla repitiendo un error que la humanidad cometió muchas veces.
La única excepción digna de mención han sido las gestiones del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump que, impaciente, anuncia que, de no haber resultados tangibles, dará paso al costado.
En la última semana, casi con las mismas palabras, el presidente Donald Trump, su vicepresidente JD Vance y el secretario de estado Marco Rubio, han enfatizado que, si Rusia y Ucrania no son capaces o no quieren llegar a acuerdos para poner fin a la guerra, Estados Unidos pondrían pausa a sus gestiones en busca de la paz. No obstante, ocasionalmente se menciona un plan de paz que el presidente Putin puede haber presentado a Estados Unidos y Ucrania.
Las desavenencias surgidas entre Ucrania y Estados Unidos, reiteradamente comentadas por el presidente Trump, dieron lugar a que las negociaciones a nivel de ministros de Asuntos Exteriores, entre otros, Reino Unido, Francia, Alemania, Ucrania, así como Rusia y Estados Unidos convocadas para celebrarse en Londres el pasado día 23 de abril fueron abortadas, entre otras cosas porque Marco Rubio declinó asistir por considerarla una pérdida de tiempo.
De momento y mientras no se revele otra cosa, al parecer Estados Unidos ha tirado la toalla y pueden apartarse del proceso con lo cual todo lo relativo a la guerra y la paz en la región queda en manos de Europa, Rusia, Ucrania y la OTAN, todos beligerantes.  
Obviamente, sin la participación activa de los Estados Unidos no será posible negociar ningún plan de paz, por lo cual coincido que la confrontación OTAN-Rusia puede ser inminente.
Lo único esperanzador es que lo dramático de la situación parece haber llevado al presidente ruso, Vladimir Putin a sugerir algo a lo que antes se había negado que es detener la guerra en el punto en que se encuentra y luego procurar un acuerdo de paz.
Según trascendidos que no he podido verificar, Putin puede haber sugerido que podría negociar las reclamaciones sobre algunas áreas de las regiones ucranianas parcialmente ocupadas, a cambio de negociar la paz y reconocer oficialmente a Crimea como parte de Rusia. La sugerencia requiere la mediación del presidente Trump. El alto al fuego es urgente. Allá nos vemos.

(Tomado de Por Esto)

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