El vínculo entre Rusia y Cuba finalmente con pasos concretos

Díaz-Canel junto a Dmitry Chernyshenko, vicepresidente del Gobierno de la Federación de Rusia / Foto: Presidencia de Cuba

Se abre una sucursal de una universidad de Rusia en La Habana, el banco Novikombank procesará remesas, y se ensambla el primer vehículo UAZ en la Isla

La noticia es que Cuba y Rusia parecen concretar lo que por años ha lucido solo como intenciones: esta semana se firmaron 13 acuerdos, se abrió una filial de una universidad rusa bajo la sombrilla de la Universidad de La Habana, y Moscú propuso a la Isla un programa de medidas para mitigar consecuencias de la crisis energética, todo en el contexto de la visita oficial que realizó el vice primer ministro de Rusia Dmitri Chernishenko, que aterrizó en Santiago de Cuba, visitó la cayería norte turística y terminó en La Habana.

Los acuerdos firmados se centran en proyectos estratégicos entre ambos países y fueron el cierre de la duodécima sesión de la Comisión Intergubernamental Ruso-cubana, que se celebró aquí liderada por Chernishenko y Ricardo Cabrisas, vice primer ministro cubano.

Los documentos firmados cubren acuerdos de cooperación en áreas que van desde la salud, la docencia médica, la ciencia, la geodesia, o la inteligencia artificial.

Para Cabrisas es «imprescindible contar con el apoyo y acompañamiento de socios estratégicos y aliados como la Federación rusa», en medio, dice, de la situación actual de la Isla y los obstáculos para avanzar en el plan de estabilización macroeconómica.

El vice primer ministro ruso se refirió a la operación que una empresa pública rusa lleva a cabo en la refinería de Boca de Jaruco, que tiene como fin, según explicó, aumentar la recuperación de petróleo y reducir la dependencia de Cuba de las importaciones de combustible.

También confirmó la entrega de combustible a partir de un crédito ruso anunciado en noviembre, aunque la noticia más interesante es el hecho de que una filial de la Universidad Federal del Sur (SFeDU) se abrirá en Cuba bajo la sombrilla de la Universidad de La Habana.

Durante la inauguración, la universidad rusa y la capitalina firmaron un acuerdo sobre el uso gratuito de las instalaciones de la filial para fines educativos.

El propósito de la nueva sede es preparar a los estudiantes cubanos para su ingreso a las universidades rusas, y poner a disposición de los ciudadanos de la Isla programas avanzados de educación complementaria en ruso.

Igualmente se anunció que la sucursal del banco ruso Novikombank en La Habana comenzará a facilitar el envío de remesas a Cuba. Aunque no se ha dado más información de cómo serán procesadas estas transacciones, la medida busca ofrecer una alternativa a las restricciones impuestas por las medidas unilaterales coercitivas norteamericanas, fortaleciendo así los lazos financieros entre ambos países.

Otra novedad fue la presentación el primer vehículo UAZ ensamblado en Cuba, fruto de un acuerdo entre la Empresa Integral de Servicios Automotores (EISA) y la firma rusa ECHO-Export SRL. Este proyecto contempla inicialmente la producción de los modelos Patriot y Pickup, con planes futuros para ensamblar vehículos de carga ligera de la línea Profi. Además, se anunció la implementación de un servicio de taxis en La Habana y Varadero con 50 automóviles Moskvich, como parte de los esfuerzos por modernizar el transporte público en la Isla.

Ya ha sido confirmado que el presidente cubano visitará Rusia a inicios de mayo, en el contexto del aniversario de la victoria sobre el nazismo, para esa fecha se espera que Miguel Díaz Canel Bermúdez se reúna con su homólogo ruso, Vladimir Putin.

Esta noticia significa que Chernishenko fue enviado a concretar lo que por largos meses, reuniones y un trillo hecho entre Moscú y La Habana, no había pasado de intenciones, y ahora por fin comienza a tomar forma; aunque todavía es demasiado pronto para dilucidar cuánto de eso tendrá un efecto directo en el pueblo cubano. Quizás la inversión más importante está en la renovación del sistema electroenergético, clave para mitigar la crisis cubana, y en la que Rusia está jugando un papel fundamental.

Durante 2024 y 2025 la presencia rusa en la Isla ha aumentado significativamente, y todo parece indicar que así seguirá, más en un momento donde las relaciones con Estados Unidos serán cada vez más tensas, y La Habana vuelve a ver a Moscú como su salvadora ante la crisis multidimensional que afecta al país.

En el pasado año Cuba fue aceptada como miembro asociado del grupo BRICS durante la cumbre celebrada en Kazán, Rusia. Esta inclusión refuerza la estrategia de La Habana de diversificar sus alianzas internacionales y buscar alternativas al orden económico occidental, y se alinea con los intereses de Moscú de fortalecer su influencia en América Latina. ​

En el ámbito financiero, la implementación del sistema de pagos ruso MIR en Cuba ha facilitado las transacciones para turistas rusos y ha ofrecido una alternativa a los sistemas de pago occidentales, afectados por las sanciones. Esta medida se suma a la apertura de la sucursal del banco ruso Novikombank en La Habana, consolidando la presencia financiera rusa en el país.

El turismo ha sido otro de los sectores que se ha visto favorecido por la presencia rusa. En 2023 llegaron 160 000 visitantes rusos. La Isla ha sido un destino alternativo para estos viajeros que han tenido problemas para entrar a otros enclaves luego de la invasión a Ucrania llevada a cabo por el presidente Putin. Y en esta ocasión, durante su visita el vicepresidente ruso afirmó: «tenemos previsto crear un centro hotelero para turistas rusos este año».

Por otro lado, la cooperación en el sector agrícola ha avanzado con proyectos conjuntos para el procesamiento de trigo ruso en molinos cubanos y el suministro de productos agroindustriales a la Isla.

En el ámbito cultural y educativo, se han promovido intercambios que incluyen la presentación en Cuba del Teatro de Canto y Danza de San Petersburgo «Moroshka» la reintroducción de clases de idioma ruso en la televisión cubana, y las pasantías docentes de cubanos en Rusia en múltiples áreas: idioma, ingenierías e incluso administración de negocios.

No es despreciable tampoco la cantidad de personas provenientes de la Isla que han migrado hacia Rusia, ya sea de forma permanente o de manera temporal, empleándose en trabajos poco demandados por los rusos, como construcción, limpieza, labores en almacenes… pero que les permiten acumular un capital que luego pueden invertir en la Isla, o para pagar alguna de las rutas hacia Estados Unidos o Europa Occidental.

También cabe destacar que ​desde el 25 de mayo de 2020 la Televisión Cubana transmite de forma ininterrumpida la señal del canal estatal ruso RT en Español a través del canal HD-4, convirtiéndose en el único canal extranjero con programación continua en la parrilla nacional.

Aunque RT es conocido por su línea editorial crítica hacia Occidente y su defensa de la multipolaridad, algo en lo que concuerda con la política oficial del gobierno cubano, su programación incluye espacios que promueven valores abiertamente capitalistas, como la defensa del libre mercado, junto a posturas conservadoras contrarias a los movimientos feministas y LGBTIQ+ o la Agenda 2030 de desarrollo sostenible. Esto último sí resulta paradójico en el contexto cubano, donde el discurso oficial del gobierno aboga por la equidad de género, la inclusión y el desarrollo sostenible, evidenciando una contradicción entre la narrativa interna y los contenidos que se difunden a través de medios estatales.

Nuestra opinión es que en el pasado las relaciones cubano-rusas no propiciaron el desarrollo del país a largo plazo, y sí una dependencia del gigante euroasiático. Sin embargo, lograron estabilizar la economía de la Isla de forma temporal y proporcionar a la población índices de bienestar nunca antes vistos, y que todavía hoy son añorados.

Hay que señalar que aunque estos encuentros y los acuerdos firmados realmente se traduzcan en beneficios para ambos países, es evidente la asimetría de poder y oportunidades que de ellos se desprende. En otras palabras, Cuba se vuelve cada vez más dependiente y endeudada de una potencia extranjera, que si bien constituye una alternativa al bloque occidental, hace años que no comparte el «horizonte socialista» que declara el Partido Comunista de Cuba.

¿Cuán beneficiosa será realmente esa relación para los cubanos de pie? ¿Cuánto se está sacrificando de soberanía en aras de garantizar supervivencia? ¿Qué pedirá el gobierno ruso a cambio de su «caridad» concretada en barcos de combustible y créditos blandos?, son apenas algunas preguntas sobre las que no hay respuestas claras.

Lo cierto es que en medio de la creciente hostilidad de Washington y las profundas disfunciones estructurales de la economía cubana, el gobierno de La Habana ha vuelto a aferrarse a Moscú como un salvavidas. Aunque los riesgos de esta relación son evidentes, la falta de alternativas en el terreno internacional tampoco deja a Cuba muchas otras opciones.

No obstante, ​para que esos vínculos produzcan beneficios sostenibles en el tiempo, es imprescindible que el país emprenda reformas estructurales que fortalezcan su economía interna. Sin una transformación que impulse la productividad, modernice el aparato industrial y estimule el crecimiento económico de las empresas estatales y privadas, esta «putinización» de la economía cubana podría a largo plazo traernos más dolores de cabeza que alivios.

(Tomado de  Joven Cuba)

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