Médicos cubanos prestan servicios en medio mundo

Manuel Juan Somoza/La Habana

Hasta el título escogido para esta nota pudiera ser motivo de sanción por el gobierno de Estados Unidos, porque para Washington cortar esa fuente de ingresos de Cuba es prioridad y tiene a mano un pretexto tan llamativo como falso: “esos médicos son esclavos”.

Y como Donald Trump y sus asociados se consideran “luchadores por la democracia” en cualquier parte, aplican prohibición de ingreso a EU a quienes contraten a los cubanos y valoran incluir en su guerra arancelaria a los países que no obedezcan.

Así es el juego en estos tiempos, en los que las sanciones del Norte han arrinconado a Cuba y los ingresos por servicios médicos en más de 50  países equivalen a una de las poquísimas fuentes en moneda dura que le queda al país caribeño, el mismo que brinda atención gratuita en lugares sin recursos, como Haití.

Las mordidas son en la yugular de la Nación y la finalidad es que la gente se canse de soportar tantas penurias -apagones, falta de alimentos y medicinas- y se rebele para que ellos, siempre humanitarios y gentiles, aporten la “salvación”.

“Todavía me pregunto cómo estarán mis pacientes”

La doctora Belkis Yáñez, es especialista en Medicina General, hoy consulta en mi barrio y antes lo hizo en Venezuela y en zonas inhóspitas de Brasil.

“Todavía hay veces que me preguntó cómo estarán mis pacientes, porque allá (en la selva brasileña) nunca llegó un médico hasta que desembarcamos nosotros”, dice esta profesional, siempre calmada y locuaz.

Es sencillo el mecanismo encontrado por los cubanos para ingresar divisas fuertes por esta vía y contribuir al deprimido sistema nacional de salud pública, en el único país de América donde no existe la medicina privada.

Quienes deciden enrolarse en la aventura acumulan sus salarios en la isla y cobran un estipendio en moneda fuerte en el país donde actúan, con el cual adquieren bienes que necesitan, la mayoría distantes de sus ingresos en pesos cubanos.

“Conmigo no cuenten”

Luther Castillo Harry, se graduó en la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) de La Habana, después hizo dos especialidades en EU y hoy es Secretario de Estado en el Despacho de Ciencia y Tecnología de la República de Honduras.

“Mis padres no tenían dinero para pagar la carrera en Honduras, me fui a la ELAM y aquí me hice médico (…) conmigo no cuenten para las compañas contra los cubanos (…) la ELAM se creó en 1999 y ha graduado más médicos que los formados en Honduras desde el siglo XIX”, asegura.

“Un país distinto”

“Cuba es un país distinto”, suele afirmar el colega franco-español Sergio Berrocal y tiene razón. Aquí lo único que sobra son las dificultades, las carencias, los dolores de cabeza. Y, sin embargo, se dispone de los médicos necesarios para salvar vidas en cualquier parte.

Entonces, al pan, pan y al vino, vino. Estas cubanas y cubanos de batas blancas solo merecen ¡RESPETO!

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