Manuel Juan Somoza/La Habana
Pese a que a lo interno Cuba se empobrece y sobrevive entre las contradicciones de un modelo de sociedad que cambia, la mayor isla del Caribe sigue siendo referente para quienes lejos de sus fronteras sueñan con “otro mundo posible”.
Son múltiples las expresiones de respaldo para que “la revolución no caiga”. Casi cada día, desde cualquier rincón del planeta, llegan envíos solidarios hasta del azúcar que ya no tiene el antaño mayor productor mundial de ese alimento.

Y a mi entender es lógica la esperanza de que en la isla sobreviva otra manera de organizar la vida sin que manden las corporaciones, cuando la llegada al poder de Donald Trump con su política de ordeno y mando ahoga el futuro de los que menos tienen.
Mal augurio
Pero lo que ocurre en las entrañas de Cuba no encierra un buen augurio. Las presiones de Estados Unidos aumentan como parte de una guerra no declarada que suma 65 años y los nuevos mandantes del país no acaban de encontrar una respuesta que convenza.
“Si bien diversas evidencias demuestran el continuo deterioro de la situación económica y social del país, por un lado, esta se mide y analiza continuamente hasta el infinito sin que se tomen medidas efectivas”, ha advertido el economista Julio Carranza.
En tanto, el ex ministro Joaquín Benavides afirmó: “Quien demore esta decisión (aceptar el papel del mercado como China y Vietnam), por incomprensión, tozudez o ignorancia, tendrá que cargar con la responsabilidad histórica de lo que ocurra no solo en Cuba, sino de que se pueda mantener la opción socialista en el mundo que va surgiendo”
Desde adentro
Las dos observaciones anteriores no se gestaron lejos de Cuba, sino desde su cotidianidad compleja por gentes que mantienen su apuesta por las esencias humanistas de la revolución, mientras la desigualdad social y la pobreza se multiplican.
El afamado académico Rafael Hernández, también desde La Habana, acaba de reafirmar que el hecho de alcanzar “un empleo digno, un acceso a la salud y a la educación, etc…tuvo un efecto directo” sobre la mayoría de los cubanos tras el triunfo de la revolución, al punto de convertirlos “en protagonistas del cambio social” iniciado en 1959
Habrá que esperar entonces lo que nos depara el tiempo por venir, más allá de los deseos dentro y fuera de la isla.


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