Cruzaremos la frontera de noche (III)

Vivian Núñez y Manuel Juan Somoza/La Habana

En tres Land Rover descapotados, sin parabrisas, a veces con sus faros apagados, cruzamos la frontera entre el territorio argelino de Tinduf y el Sáhara Occidental, en un desplazamiento silencioso que se extendió muchas horas hasta llegar al primer destino.

Íbamos tratando de ocultar el sobresalto que se nos metía dentro en cada kilómetro. Avanzábamos con la intención de observar, escuchar y, sobre todo, comprobar si era cierta la afirmación generalizada de que esta guerrilla le había ganado entonces la iniciativa al ejército marroquí.

Dejamos en el castillo morisco en miniatura nuestras identificaciones personales y cargamos lo indispensable para estar en campaña, incluidos blogs de notas, bolígrafos, grabadora, cámara fotográfica y un mapa, con el propósito de registrar el recorrido y disponer de alguna guía a fin de regresar a Argelia por nosotros mismos, si ocurría lo peor.

De madrugada entramos en un lugar arbolado, entre rocas, con la arena tan suave que obligó a los Land Rover a emplear doble tracción, y nos alojaron en una especie de pequeña caverna en la cual dormitamos en compañía de pequeños y traviesos ratoncillos blancos.

A la mañana siguiente, el lugar nos pareció menos tenebroso y conocimos a Mohamed Lamine Ould Buhali, jefe del Frente Central, quien nos acompañaría hasta en final, y a Sidami Moktar, ex estudiante de medicina en Madrid, transformada en enfermera, maestra, chofer y asistente de Mohamed, que a partir de ese día fue nuestra traductora, porque el jefe solo hablaba hassanía, variante lingüística del árabe maghrebí predominante al Norte.

Veinteañeras ella y Vivian, la identificación entre ambas fue inmediata, al extremo de que la saharaui realizaría con la cubana algo insólito -al menos para nosotros-, inmediatamente después de que un día aún desconocido, la aviación de combate marroquí nos descubriera y atacara.

Pero entonces, en aquella jefatura había calma y nos dedicamos a conocer el lugar, donde radicaban las comunicaciones. Hablamos con los operadores de guardia y anotamos las características de los equipos “arrebatados a los marroquíes”, según nos respondieron.

Completamos la jornada detallando el camuflaje, la armería, la escuela, el hospital de campaña y el almacén rústico de combustible, hasta hartarnos de novedades.  Al imponerse la noche, volvimos a nuestra cueva en compañía de los ratoncitos blancos. Lo impredecible acababa de comenzar.

Deja un comentario