Vivian Núñez y Manuel Juan Somoza/La Habana
En Argel nos recibió un antiguo refugio de la Organisation de l’Armée Secrète, (OAS), que envolvía en un halo de suspense la edificación de dos plantas en la que radicaba la agencia Prensa Latina y en la que viviríamos tres años agitados.
Una década antes, la OAS había condenado a muerte al presidente Charles de Gaulle por no impedir que Argelia se liberara a tiros del dominio francés e inspirado en esa cacería hasta el británico Frederick Forsyth escribió su afamada novela “El día del Chacal”, que fue llevada incluso al cine.
Todo resultaba mágico en nuestra primera misión profesional lejos de Cuba y desde el bullicio que rodeaba esa especie de castillo morisco en miniatura y encantado que nos daba albergue, comenzamos a reportar el acontecer nacional, tras contactar a Bachir Mustafa Sayed , el alto cargo saharaui que conocí en La Habana, quien fijó la fecha de acceso a territorio prohibido.
El ingreso se realizaría en el mes de abril, cuando las noches en el Sahara llegan a ser muy frías y los días soportables, pero al informar al embajador cubano, Giraldo Mazola, su reacción fue de rechazo.
Argumentó que si los marroquíes nos capturaban prosperaría una campaña propagandística en marcha, según la cual Cuba estaba enviado asesores militares al Frente Polisario e, inevitablemente, se romperían las relaciones entre La Habana y Rabat.
La campaña recordaba lo ocurrido en 1963, cuando pocos meses después de la independencia de Argelia, el Reino de Marruecos trató de anexarse parte del territorio argelino -como pretende con el otrora Sahara Español- , el entonces presidente Ahmed Ben Bella pidió ayuda a Fidel Castro y, por primera vez, el ejercito cubano se involucró en un conflicto distante de la isla, hasta hacer recular al invasor.
El no de Mazola estaba bien argumentado, amenazaba con sepultar la inédita posibilidad de ver sobre el terreno una guerra desconocida de este lado del planeta y, sin embargo, ocurrió lo inesperado: aquel embajador que defendía con firmeza la posición gubernamental fue capaz de escuchar y aceptar la propuesta de que él informara a la cancillería cubana la causa de su desaprobación, mientras nosotros comunicábamos a la central de PL el valor del viaje, a fin de que se decidiera en Cuba.

Y La Habana decidió rápido y al unísono, quedando todo listo para correr juntos el riesgo de 23 días de sustos y aventuras por un territorio áspero y extenso, donde se enfrentaban saharauis y marroquíes.


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