Europa militar


                                                             Jorge Gómez Barata/La Habana

La II Guerra Mundial cambió la correlación mundial de fuerzas. A partir de entonces hubo dos superpotencias militares, Estados Unidos y la Unión Soviética (ahora Rusia). La paridad alcanzada en los años sesenta, se expresó en los respectivos arsenales nucleares, los cohetes intercontinentales, las flotas de submarinos atómicos y la aviación estratégica respectivas.
 
Una vez conocidos los desastrosos resultados de los bombardeos nucleares en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, la preocupación se apoderó del mundo, sobre todo de los estadounidenses, europeos y soviéticos. La razón era obvia: a ellos podía ocurrirles lo mismo.

Durante la Guerra Fría las amenazas nucleares se transformaron en el principal instrumento de la política exterior de los Estados Unidos y la Unión Soviética, de lo cual dan fe las crisis derivadas del bloqueo a Berlín (1948-49), la nacionalización del Canal de Suez (1956) y el emplazamiento de misiles nucleares en Cuba (1962). Entonces la doctrina de la “Destrucción Mutua Asegurada” estableció que, en la guerra con armas atómicas, no habría vencedores.

En los años sesenta, cuando existían al menos 40 países, casi todos europeos, económica y tecnológicamente, capaces de fabricar bombas atómicas, Estados Unidos y la Unión Soviética, sin concertarse, coincidieron en la pertinencia de impedir la proliferación nuclear.

Por tales razones, mientras Estados Unidos asumió la responsabilidad por la protección de Europa Occidental de lo que se consideraba la amenaza soviética, la URSS hizo lo mismo respecto a Europa Oriental. Ninguno transfirió a sus clientes tecnología ni licencias para producir armas nucleares, incluso fueron cautelosos con su emplazamiento fuera del territorio nacional.

De ese modo, tanto los países de la OTAN como los del desaparecido Pacto de Varsovia, alianzas militares básicamente europeas, liberados durante unos 80 años del gasto que suponía el desarrollo de armas nucleares, medios portadores, así como de armamentos avanzados, mientras Estados Unidos y la URSS se involucraron en una costosa carrera de armamentos, utilizaron los ahorros para la reconstrucción y la aplicación de políticas sociales avanzadas.

  El hecho de que tanto Europa Occidental y Oriental, así como Japón  no realizaran inversiones en armas nucleares y fueran moderados en gastos en el diseño y fabricación de armamentos avanzados, no fueron resultado de sus propias voluntades, sino de decisiones de Estados Unidos y la Unión Soviética que, de ese modo evitaron la proliferación nuclear.

Con la llegada de Donald Trump al poder, sobre todo respecto a la guerra en Ucrania y, en general a la confrontación con Rusia que vive un momento  no sólo de distensión, sino de acercamientos obvios, detrás del cual ambos pueden abrigar objetivos estratégicos ocultos, Europa es tratada con evidente desdén, duramente criticada y obviamente subestimada como aliada militar y económica, Estados Unidos puede estar abriendo una caja de Pandora.

Si como parece, la comprensión de Estados Unidos que respalda las demandas fundamentales de Rusia, a la vez que reduce significativamente sus compromisos respecto a la seguridad y defensa de Europa, Donald Trump puede estar arrojando a los 30 países de la OTAN, algunos de los cuales consideran que la convergencia entre Estados Unidos y Rusia, significa un peligro para su seguridad, se lancen a una rápida e intensa carrera armamentística, que puede incluir la promoción de las armas nucleares.

De hecho, la OTAN se apresta a planificar gastos por 800 mil millones de dólares en conjunto, además de los que cada país, realice por su cuenta, cosa que advierten, entre otros, Gran Bretaña, Alemania, Polonia y los países bálticos, lo cual favorece, entre otros, a las entidades del complejo militar industrial de los Estados Unidos y Europa.

Según cálculos de algunos entendidos, Alemania y Japón que poseen dominio de todos los componentes de las tecnologías nucleares y fabrican sus elementos, menos las bombas, puede tomarles apenas un año disponer de sus propias armas nucleares. Otros países pueden demorar un poco más, pero sus posibilidades son ciertas.    
     
  Ignoro si Washington ha calculado los riesgos que representa la proliferación nuclear y que el peligro de que Alemania, Japón, Polonia y otros países posean armas atómicas, no es sólo para Rusia, sino también para Estados Unidos que inevitablemente terminaría involucrado.

El hecho de que Europa, que no es una nulidad económica ni tecnológica, a la cual pueden sumarse algunos de los países ex socialistas y ex soviéticos, no sea hoy una potencia nuclear de primer orden, no significa que no pueda serlo. En cualquier caso, está por ver si podrán impedírselo. Es como para pensarlo mejor. Allá nos vemos.      
(Tomado de Por Esto!)

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