Dolarización en Cuba, el camino fácil

«Si quieres destruir un país, pervierte su moneda» (frase atribuida a V.I. Lenin por John Maynard Keynes)

Por Carlos Enrique González García/La Habana

La apertura de tiendas en dólares o la venta de gasolina especial solamente en esta moneda, ha reavivado la polémica sobre la dolarización, un camino que para algunos se presenta ahora como la política salvadora, que logrará atraer a las arcas del Estado los dólares necesarios para recuperar la economía y asegurar el respaldo material de los servicios sociales, ambos hoy en situación maltrecha.

Sin embargo, no es tan sencillo. El uso de dólar como moneda de circulación a lo interno de una economía —la dolarización no es mucho más que eso— puede traer efectos positivos y negativos. ¿Cuál de estos efectos prevalece? No es una respuesta sencilla, depende de muchos factores que intentaré analizar en este texto.

¿Qué se puede esperar de la dolarización como política?

Antes de todo, es importante aclarar que en muchas ocasiones la dolarización es algo que ocurre en una economía de forma natural, al darse determinadas condiciones. Cuando se producen desequilibrios macroeconómicos importantes y la moneda de un país pierde su valor de manera acelerada, los agentes económicos suelen refugiarse en una moneda extranjera que les permita llevar adelante sus procesos productivos de forma más estable, y ahorrar en un signo monetario que no esté perdiendo su valor aceleradamente. En estos casos se habla de una dolarización de facto.

Sin embargo, también puede ser parte de una política específica. Si un gobierno decide que determinadas transacciones, acciones económicas, tipos de agentes o empresas en general dejen de realizarse o funcionar en la moneda nacional y comiencen a usar una moneda extranjera; estaríamos en presencia de una política de dolarización, como es el caso actual de Cuba.

Acudir al dólar para realizar parte de las transacciones de compra-venta de productos, y posiblemente para el funcionamiento de un grupo de empresas determinadas, tendrá varias ventajas en aquellos que resulten escogidos. Pues lograrán acceder directamente a las divisas, que les garantizará la posibilidad de reaprovisionarse a través de importaciones y mantener sus niveles de oferta de forma sostenida.

Igualmente, las empresas seleccionadas para realizar sus transacciones en divisas, especialmente si son exportadoras, también podrán llevar adelante su proceso productivo de una manera más sostenible. Exportarán, mantendrán sus dólares y podrán asegurar así los insumos importados para producir y exportar de nuevo.

Un elemento adicional sería que, si estas empresas que se dolarizaron pagan parte de los insumos nacionales que consumen (como electricidad, agua, combustibles u otras materias primas) en dólares, las empresas que proveen estos insumos tendrán un acceso a divisas más directo, que les permitirá intentar asegurar el abastecimiento de estos en mejores condiciones.

Si el proceso de dolarización se organiza de forma adecuada, se respetan los saldos en las cuentas en divisas y los respaldos necesarios, se escogen las empresas adecuadas, con casi toda seguridad, estos efectos positivos deben lograrse. O sea, si la dolarización se hace bien, puede traer algunos beneficios para los que tuvieron la suerte de ser elegidos.

Suponer que la dolarización se haga bien, no es un supuesto menor. En los últimos años, lamentablemente, muchas de las políticas que se han intentado no se han desarrollado de la forma adecuada, entre ellas la propia dolarización de la economía iniciada en octubre de 2019, y luego profundizada en julio de 2020. Esta etapa dolarizadora anterior a la que hacemos referencia, se hizo a través del eufemismo del MLC, pero fue un proceso de dolarización en toda regla. No obstante, debido a que no se respetaron los saldos y los respaldos, el Estado ha perdido cientos de millones de dólares que antes captaba, pues ha sido incapaz de reabastecer las tiendas. Igualmente, los esquemas cerrados de financiamiento en divisas del sector exportador no han logrado funcionar adecuadamente.

Sin embargo, aparte de estas ventajas descritas, ¿es la dolarización una política sin riesgos o costos? La respuesta es un no rotundo.

El lado oscuro de la dolarización

La mayoría de las políticas económicas tienen efectos positivos y negativos; de otra forma sería siempre obvio qué hacer. Sin embargo, dentro de las opciones de política a aplicar, la dolarización es probablemente la que mayores contraindicaciones tiene. O sea, podemos curar una enfermedad, pero crear otras peores que lleguen incluso a matar al paciente.

Un efecto directo de la dolarización es la de acelerar la pérdida de las funciones de la moneda nacional como dinero, principalmente las de medio de circulación (para comprar y vender mercancías) y medio de atesoramiento (para ahorrar). Estas funciones son adquiridas por una moneda extranjera, y aunque no ocurra de manera absoluta y solo se desarrolle parcialmente, tiene fuertes efectos nocivos.

En primera instancia, se le da un golpe de gracia a la moneda nacional, que pierde capacidad de compra. Sin embargo, en esta moneda se continúan pagando los salarios de los trabajadores —al menos de los estatales— y las pensiones de los jubilados; también es sobre esta base que hacen sus transacciones las empresas que no tuvieron la suerte de ser escogidas para dolarizarse.

Por tanto, aquellos que no logran engancharse a la economía dolarizada, ya sean empresas o personas naturales, ven como quedan ajenos a las ventajas de la dolarización, e incluso, salen perjudicados. En esta situación quedan, tantos profesionales imprescindibles para la reproducción de la vida en sociedad —como médicos y maestros—, como empresas estatales que garantizan servicios básicos que aún se mantienen en moneda nacional como el agua o la electricidad. 

El mayor uso del dólar a lo interno de la economía, principalmente para las transacciones minoristas (la compra de los bienes de consumo por parte de la población), provoca dos efectos paralelos.

Por un lado, al menos en el corto plazo, desplaza los productos que se venden en moneda nacional a ser vendidos en divisas, o sea, se disminuye la oferta que se vende en pesos —por más pequeña que esta sea ya—, pues las empresas estatales y privadas que puedan vender en dólares tendrán más incentivos para transar sus productos en esta moneda que en la nacional. Ello ya ocurrió cuando se dolarizó en el 2019; paulatinamente la oferta en moneda nacional fue desapareciendo.

Por otro lado, aumenta la demanda de divisas. Las personas que solo pueden encontrar una parte de los medios de consumo necesarios en tiendas que vendan en dólares, se lanzan a comprar esta moneda para satisfacer sus necesidades. En el caso cubano, al no existir un mercado cambiario formal que sea funcional, esta compra-venta se produce de manera informal.

Estos dos efectos combinados provocan un aumento del valor de las divisas y una bajada del valor de la moneda nacional, que drena de forma significativa el poder adquisitivo de aquellos que reciben sus ingresos en pesos cubanos, principalmente los que tiene ingresos fijos. Esta mos hablando de los trabajadores vinculados al sector estatal y los pensionados, que siempre serán los perdedores de un proceso dolarizador, al menos en las condiciones de Cuba.

Tasas de cambio (TC) en el mercado formal e informal

En el gráfico se observa, como la dolarización iniciada en octubre de 2019 pudo ser uno de los elementos que provocó un aumento del tipo de cambio informal, Luego la ampliación de la dolarización a la venta de productos de primera necesidad en julio de 2020, trajo un nuevo pico de aumento del tipo de cambio y de pérdida de valor de la moneda nacional.

Con la presente experiencia de dolarización está ocurriendo algo parecido, luego de casi seis meses de cierta estabilidad del tipo de cambio informal, debido principalmente a los esfuerzos del gobierno por disminuir los déficits fiscales y las emisiones monetarias resultantes, bastó la apertura de un par de tiendas en dólares y el anuncio de una nueva ofensiva dolarizadora, para que surgieran nuevas presiones depreciatorias de la moneda nacional, que amentaron el tipo de cambio informal en más de 40 pesos en apenas unos días.

Tasa de cambio informal

Lo anterior debería bastar para pensar dos veces y hasta tres, para acudir a la dolarización como política. No obstante, hay otros efectos negativos de la dolarización que vale la pena destacar:

  • Aumento de la inflación: La depreciación del tipo de cambio informal y la pérdida de valor del peso cubano que trae la dolarización, significa en la práctica un aumento del costo de los productos importados. En una economía tan abierta como la cubana y tan dependiente de la importación, este efecto se traslada casi totalmente a los precios, siendo un motor muy importante para el aumento de los precios, principalmente de los alimentos y otros productos de primera necesidad.
  • Caída del ahorro y desbancarización: Las personas naturales y las empresas privadas optan por no ahorrar en moneda nacional. ¿Quién quiere tener su dinero en una moneda que pierde valor constantemente? Normalmente esta caída del ahorro trae también un proceso de desbancarización, pues los nuevos ahorros en la moneda extranjera se mantienen fuera del sistema financiero. Esto sucede especialmente en Cuba, donde existen dificultades significativas para acceder al dinero puesto en cuentas en divisas en los bancos nacionales, y no existen tasas de interés lo suficientemente atractivas para que las personas decidan colocar sus dólares en el banco.
  • Ampliación de la informalidad: La dolarización es un importante motor de la economía informal o sumergida. En Cuba esto tiene un impacto importante, debido a que no existe un mercado de cambio de divisas oficial que sea funcional, que tenga un tipo de cambio atractivo y que refleje la realidad económica. La venta de productos en una moneda que las personas no tienen posibilidad de obtener de forma legal obliga a que muchas de las operaciones de compra y venta de divisas se realicen en operaciones fuera de la ley, arrastrando a buena parte de la economía hacia la informalidad, fenómeno que tiene a su vez efectos profundamente negativos.
  • Pérdida de credibilidad: El dinero se basa en una cuestión de confianza. Todos aceptamos trabajar y que nos paguen con billetes, que al fin y al cabo no son más que «papelitos pintados de colores». Pero aceptamos que nos paguen con esos «papelitos pintados», porque el Estado los garantiza, les da poder de compra, nos asegura que luego podremos usarlos para obtener aquellos bienes que necesitamos para reproducirnos como trabajadores y mantener a nuestras familias. Si luego los mismos representantes del Estado deciden vender una parte importante de los bienes y servicios en una moneda diferente a la que usa para pagar el trabajo, la pérdida de credibilidad y confianza es gigantesca, y cuesta mucho restaurarla.
  • Efectos sociales negativos: La dolarización no solo es una política que afecta directamente a la mayoría de los trabajadores y su poder adquisitivo, sino que los coloca en una situación de enajenación con respecto a las transformaciones que se impulsan. Ningún trabajador ni pensionado, que tienen ingresos relativamente fijos en pesos cubanos, puede sentirse identificado con el desarrollo que han tomado los acontecimientos, ni con la política que aplica el gobierno. Esta contradicción entre la política económica y la situación social de la mayoría de la población, en un contexto de fracaso o efecto muy limitado de otras medidas del gobierno, significa en la práctica una ruptura del contrato social vigente en Cuba, lo cual puede traer consecuencias y reacciones para el futuro difíciles de aquilatar y controlar.

Se pueden mencionar otros efectos negativos de la dolarización, pero hay uno que se aleja de la esfera económica y que merece ser resaltado: es la pérdida de soberanía. Hemos escuchado muchas veces cómo la dolarización en Panamá, Ecuador o cualquier otro país, limita su capacidad de desarrollar políticas independientes; pues lo mismo ocurre en Cuba, por más que la dolarización sea solo parcial. La pérdida de soberanía no es algo menor, y es especialmente importante en un país bloqueado y sometido a una guerra económica constante por la principal potencia mundial. Se trata de un costo que no deberíamos aceptar de buen grado.

A dónde vamos

Se ha esgrimido que la dolarización es una política a la que nos vimos obligados por la difícil situación económica del país y que no hubo otra alternativa. ¿Es ello exacto?

La dolarización, más allá de que cumpla los objetivos para los que está siendo implementada (algo que no se logró en 2019-2020), es una política errónea que siempre será incompleta. Busca la captación de divisas y reactivar la capacidad exportadora, a través de la forma más sencilla y fácil, pero renunciando a recuperar a la moneda nacional como centro de la actividad económica nacional, y haciendo cargar el costo negativo del proceso sobre aquella capa más vulnerable de la población, principalmente los asalariados estatales y pensionados.

La política del gobierno debería dirigirse hacia un camino firme de desdolarización, que obviamente no se logra dolarizando más. Este supone la necesidad de un fuerte compromiso con la estabilidad macroeconómica del país, el perfeccionamiento de los mecanismos tradicionales de asignación de divisas a través del mercado, el saneamiento de los controles de cambio —sustituir las Cuentas de Certificado de Liquidez (CL) por un mecanismo funcional—, la construcción de un mercado cambiario con un tipo de cambio coherente que permita a los agentes económicos acceder a las divisas, y sobre todo, el acceso a los insumos productivos y los medios de consumo mediante la moneda nacional.

Lo anterior, no es algo que se pueda hacer en una tarde. Requiere un programa claramente definido e hilvanado, con una serie de pasos que dependen uno del otro, y deben implementarse con decisión y en la secuencia adecuada. Este camino representa un reto de política complejo, pero cuyo premio es alto y al cual, un Estado como el cubano, que siempre se ha preciado de tener a las personas como centro de sus políticas, no debería renunciar con tanta facilidad.

Por su parte la dolarización, por más que sea efectiva a corto plazo para algunos agentes y empresas, solo pospone y entorpece las transformaciones necesarias para que toda la economía cubana recupere la senda del crecimiento y su capacidad para reproducirse de manera sistémica.

Ya lo dijo el sabio personaje Albus Dumbledore: «Harry, se acercan momentos oscuros y difíciles, donde tendremos que escoger entre hacer lo correcto o lo fácil». La dolarización de la economía es el camino fácil, pero difícilmente el correcto.

Carlos Enrique González García

Licenciado en Economía (2005). Máster por la Universidad de La Habana y la Universidad de Santiago de Compostela (2008). Se desempeñó como profesor de la Facultad de Economía de 2004 a 2010; funcionario del Banco Central de Cuba en la Dirección de Política Monetaria de 2010 a 2022; y de 2023 a 2024 fue director de Macroeconomía del Ministerio de Economía y Planificación. En la actualidad es profesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana y sus temas de investigación se concentran en las políticas macroeoconómicas en Cuba.

(Tomado de la Joven Cuba)

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